Psiquiatras ‘agradecidos’ con la marihuana: «Si no fuera por su consumo, tendría diez pacientes menos por mes»

España es el tercer país de Europa con mayor ingesta de cannabis. Brotes psicóticos, esquizofrenia, ansiedad y depresión, a la orden del día. Cuanto menor es la edad de iniciación, peores las consecuencias. "Como médica, estoy en contra de su legalización".

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Escribe: Juan Rodríguez de Rivera (artículo sustraído de «El Español». Título original: «España, el tercer país más ‘porreta’ de Europa: «Todo psiquiatra ha visto brotes psicóticos por cannabis»).

Los brotes psicóticos o los cuadros de ansiedad y depresión son algunos de los síntomas de salud mental que se han asociado al consumo de cannabis y, sin embargo, se trata de una sustancia muy banalizada en España. Con frecuencia se escucha hablar de ella como naturalblanda o, incluso, beneficiosa. «Produce un deterioro sobre la salud mental, los pacientes vienen a consulta por ella», advierte Rosa Molina, psiquiatra del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid. «Si, además, se consume en la época de desarrollo cerebral, los efectos pueden ser duraderos».

El mensaje de que el cannabis es una droga suave ha calado en nuestra sociedad y buena prueba de ello es la edad a la que los adolescentes de nuestro país se inician en su consumo: los 15 años, según la Monografía del Cannabis 2022 realizada por el Ministerio de Sanidad. «En los pacientes que consumen de forma habitual desde pequeños se observa con frecuencia un síndrome amotivacional, que se caracteriza por la apatía o la falta de interés«, explica la psiquiatra. España, además, destaca en el entorno europeo por las cifras de consumo de esta droga.

El Informe Europeo de Drogas que se ha elaborado este mismo 2022 sitúa a nuestro país (España) como el tercero en incidencia de consumo de cannabis. El 37,5% de personas entre los 15 y los 64 años lo han probado alguna vez en la vida. Por delante de nosotros se encuentran los franceses —un 44,8% de su población entre esas edades lo ha probado— y los daneses —con un 37,9%, una cifra muy cercana a la nuestra—. El consumo del cannabis, además, se encuentra en ascenso en los últimos años: según las estadísticas de 2021 sobre alcohol, tabaco y drogas ilegales en España del Ministerio de Sanidad, el consumo de esta droga ha pasado de una incidencia del 14,5% en 1995 al actual dato del 37,5%.

De vez en cuando se oyen voces que piden la legalización de esta sustancia para consumo recreativo, pero Molina se muestra tajante: «Como psiquiatra estoy en contra».

Psicosis y cannabis

Manuel (nombre ficticio) es un estudiante de Psicología de 24 años que está intentando abandonar el consumo de cannabis por segunda vez. Fumó su primer porro a los 15 años, pero no empezó a hacerlo de manera diaria hasta los 17: «Empecé porque te ofrecen un día y te da curiosidad por cómo será». El joven admite que consume entre tres y siete porros al día —fuma más cuando está solo—, eso sí, de fiesta y con amigos admite haber llegado a fumar hasta 30 con ellos. Al final, gasta cada semana entre 20 y 30 euros en esta sustancia. Explica que no se arrepiente de haber consumido, pero enumera algunos episodios desagradables.

El peor de todos ocurrió una noche mientras dormía en casa de su novia: «Casi me ahogo, sentí una sensación horrible de que no podía hacer nada al respecto. Duró sólo un minuto, pero fue horrible». Además, recuerda varios momentos en los que sentía que no se enteraba de lo que le decían, que su mente iba lenta y que pensaba que la gente se burlaba de él. «Creo que lo he conseguido parar a tiempo. Este último verano estaba bastante deprimido y no me sentía a gusto con nadie. Estoy intentando dejarlo ahora por segunda vez, espero que esta vez sí sea la buena«.

Las personas que consumen cannabis tienen un mayor riesgo de padecer un brote psicótico que quienes no lo hacen. En concreto, entre dos y tres veces más de probabilidades. «La psicosis es un término amplio para referirse a momentos en los que se produce una ruptura con la realidad», explica Rosa Molina. «Se alteran las capacidades perceptivas de estos pacientes: padecen delirios, alucinaciones, oyen voces…». Síntomas que pueden llegar a originarse por, incluso, un solo porro. Según la psiquiatra, este episodio puede terminar cuando la persona deja de consumir, pero en otros casos el cannabis ha podido disparar un trastorno que permanecía oculto.

Desenmascara la esquizofrenia

La esquizofrenia es un trastorno que provoca brotes psicóticos y se ha vinculado en muchas ocasiones con el consumo de cannabis. Ahora bien, Molina explica que la sustancia no ha demostrado a día de hoy una relación causal con la esquizofrenia pero parece actuar como disparador de casos que de otra manera igual no hubiesen dado la cara. En este caso, el cannabis habrá desatado una patología que puede hacer recurrentes estos episodios y precisar un tratamiento. En cualquier caso, la psiquiatra explica que las personas que ya han experimentado un brote psicótico tras consumir cannabis tienen muchas probabilidades de volver a experimentarlo.

«No hay ningún psiquiatra en el mundo que no haya visto un brote psicótico por cannabis a lo largo de su vida. Si no se consumiera cannabis tendría diez pacientes menos al mes», advierte Molina. «De hecho, he tenido pacientes que han sufrido un brote psicótico y me han preguntado que cuándo puede volver a consumir cannabis. Si has tenido un brote psicótico, ya tienes una vulnerabilidad cerebral a esta sustancia». La experta explica que el cannabis también se ha asociado con cuadros de depresión y de ansiedad, lo que resulta llamativo teniendo en cuenta que algunos consumidores utilizan el cannabis para relajarse o evadirse.

Sin embargo, estos efectos ansiolíticos son a corto plazo y pueden empeorar los problemas de depresión y ansiedad. En el cannabis se pueden encontrar, principalmente, dos sustancias: el cannabidiol (CBD) y el tetrahidrocannabinol (THC). El primero de ellos se está estudiando en Medicina para ser utilizado en oncología e, incluso, en el tratamiento de la esquizofrenia. El segundo es más conflictivo. «Es la sustancia psicoactiva, la que altera tu capacidad psíquica cuando consumes y actúa en el mismo campo donde se producen las enfermedades mentales», razona Molina.

Las moléculas

«Lo que hay que dejar claro es que no es lo mismo que se utilicen esos componentes en Medicina con dosis controladas y seguras y fumarse un porro que no sabes lo que lleva«. Es decir, el hecho de que algunas moléculas relativas a esta droga se estén estudiando no la convierte en segura ni en recomendable como recreativo. Al ser un producto ilegal su composición es difícil de conocer y podemos encontrar algún cannabis con una concentración mayor de THC, que se utiliza para potenciar ese colocón característico, pero que —¡ojo!— aumenta el riesgo de brote psicótico cuanta más cantidad de él se consuma.

Por desgracia, el consumo habitual de cannabis no suele tratarse con frecuencia porque, según Molina, estos pacientes sólo acuden al psiquiatra cuando ya han experimentado un brote psicótico. Además, explica que, en términos de tolerancia y dependencia, el cannabis no es tan adictivo respecto a otras drogas. Ahora bien, se tiende a observar una dependencia psicológica como en aquellos pacientes que la usan para dormir por las noches y si un día no la consumen, piensan que no van a poder dormir.

En estos casos, resulta más recomendable hacer terapia para recuperar los hábitos de buena higiene del sueño. «Se ha visto que aquellos que consumen con frecuencia presentan mayores alteraciones del sueño y parece alterar la calidad del mismo», cuenta Molina. Es decir, que el consumo recreativo de esta sustancia no puede ser considerado seguro para la salud en ninguna medida. A pesar de que se trata de una droga muy banalizada, su consumo no es ninguna broma.


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