El despropósito de reinventar un mercado de la salud con la población sana

"La población sana ha sido recategorizada en el concepto falaz del enfermo asintomático. Quieren alcanzar a todos aquellos que lograron escapar de los negocios espurios de la enfermedad, incorporarlos al mercado de los cuerpos crónicamente enfermos".

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Escribe: Dr. Ramiro Salazar (*)

A lo largo de la historia usaron el concepto de rebaño, borregos y ovejas descarriadas para referirse, como una metáfora, al comportamiento humano frente a las mayorías políticas o religiosas.  Es usual, en epidemiología, utilizar la expresión “inmunidad de rebaño». Y lo repitieron como loros, todo un ejército de afirmacionistas que, para controlar el fenómeno psicosocial paranoico global, era necesario inyectar con el experimento apresurado a más del 60% de la población. Cabe preguntarse: ¿qué pasa ahora que la población de Buenos Aires tiene más de un 85% de inoculados con 2 dosis? ¿O es que no quieren reconocer el fracaso de buscar la inmunidad colectiva utilizando, como único instrumento, la inmunidad artificial conferida por inyecciones? Por el contrario, siguen insistiendo con una tercera y cuarta dosis. Parece ser que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Si la inmunidad de rebaño existiera como tal, la misma se lograría más por la circulación natural de un patógeno que por la aplicación de una supuesta vacuna.

Por otro lado, siguen restando importancia al tendal de efectos colaterales en la población inyectada, casos ocultados sistemáticamente por la prensa adicta o coaccionada por el gobierno. La pregunta es: ¿querrán poner dosis diarias, semanales o mensuales? ¿Cuál es el límite de la pseudo-ciencia al servicio de las corporaciones transnacionales? ¿Qué hay de ciencia y qué hay de negocio en todo esto?

La guardia pretoriana del totalitarismo sanitario, encarnada  en los dueños de las redes sociales de Facebook y Google, junto algunos periodistas y políticos locales, pasaron a cumplir roles de vigilancia epidemiológica y censura de una enfermedad y solo una.

Llegamos a ver el absurdo de una Epidemiología definida en TV por algunos periodistas especializados en chimentos, quienes pregonan las banderas de persecución a cualquier otro que no adhiera al discurso oficial o a sus cómplices de ocasión. Es por eso que en el mes de julio del 2020 escribí un artículo donde hacía alusión a la evidente existencia de sponsors internacionales de este fenómeno tan privilegiado por la prensa internacional y local.

El gobierno es la principal comorbilidad que acompaña a cualquier fenómeno sanitario, y esto debe ser enseñado en los libros de medicina. Basta de gobiernos que agachan la cabeza ante la Big Pharma y obedecen ciegamente sin importar las consecuencias en la población. Frente a esta situación no queda otra opción que protestar y movilizarse, tal como lo está haciendo gran parte del mundo. Debemos denunciar el pacto de silencio y distracción de la política y el periodismo, que están al servicio del poder de la corporatocracia.

Un totalitarismo psicótico sanitario dedicado a la persecución de la población esencialmente sana ahora recategorizada en el concepto falaz del enfermo asintomático. Quieren reinventar un mercado de la salud con la población sana. Parece ser su mayor preocupación: alcanzar a todos aquellos que lograron escapar de los negocios espurios de la enfermedad. Necesitan incorporarlos al mercado de los cuerpos crónicamente enfermos.

Es oportuno recordar aquella frase que decía «la única verdad es la realidad». Pues bien, aquí vemos que la única verdad impuesta es la virtualidad. Todo un ejército de manipuladores sociales, expertos en comunicación, está al servicio de invertir esta frase para llegar a que “la virtualidad es la única verdad”.

La salud del pueblo no puede depender de contratos secretos con las corporaciones transnacionales, como lo establece la ley 27573 de confidencialidad e inmunidad patrimonial y legal a los laboratorios productores de vacunas. Mucho menos cuando precisamente son las mismas corporaciones transnacionales las que se encuentran sospechadas de participar en la creación del problema.

Parece ser que ya no importan las banderas, no importan las ideas ni las culturas, nos quieren robar la identidad para reemplazarla por un pase sanitario propio de los regímenes totalitarios.   

No podemos aceptar que nos vengan a decir cómo debemos cuidar la salud, precisamente, aquellos que no saben cuidar la suya. Estos inescrupulosos que se creen impunes, lo único que saben hacer son permanentes prácticas desatinadas y amparados en las oscuras sombras del poder.

Pero aquí estamos en este punto histórico de encuentro donde hemos tenido que sortear todas las campañas del terrorismo sanitario. Esas mismas campañas que se han dedicado a sembrar pánico y zozobra en la población, aunque no han logrado doblegar el espíritu del pueblo argentino.

En la actualidad, hay algunos voceros de salud que dicen que está enfermedad debe ser tratada como una gripe más… ¿Y por una gripe más nos hicieron cerrar las fábricas, comercios, escuelas, clubes y cualquier institución que aún quedaba en pie en la Argentina?

Por estos días, la prensa nos informa del conflicto ruso-ucraniano y ya podemos ver cómo el circo de plandemia con todos sus payasos se va trasladando con la carpa hacia otro lugar. Ahora dejan de ser epidemiólogos de ocasión para pasar ser comentaristas expertos en conflictos armados.

Finalmente, quiero expresar mi solidaridad para los profesionales de la salud que están siendo perseguidos antidemocráticamente. Es el caso del Dr. Eduardo Yahbes y el Dr. Mariano Arriaga.

(*) Médico  Epidemiólogo – Mat. Prof. 11.700 (01 de Marzo 2022).


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