Rosario marcha, otra vez, contra la dictadura «sanitaria»

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Escribe: David Rey (*)

No somos un hueso fácil de roer, parece… los rosarinos. Y si fuimos los primeros en Argentina en reaccionar a la locura sanitarista en torno al COVID y sus absurdas «restricciones», no iba a ser esa la última vez. No importa que ese 25 de Mayo de 2021 (jornada patria para los argentinos) nos hayan llevado presos -el mundo habló de esto-, que nos hayan reprimido como a bestias y que la prensa cómplice y aplaudidora de los tiranos de turno nos haya querido escrachar. Hoy vemos lo que ocurre en Suiza, Italia, Canadá, Australia… todos los días una salvaje represión hacia quienes se manifiestan por su libertad, nada menos. Nosotros ya pasamos por eso… y nuestro mensaje es NO SE DEN POR VENCIDOS. Por eso volvemos a marchar.

Acá elegimos, aquella vez, nuestro emblemático Monumento Nacional a la Bandera, enorme símbolo de unión y libertad entre los argentinos, para ir a pedir porque haya un debate médico en torno a la pretendida pandemia y para decirles a los déspotas que sabemos que nos mienten y que no estamos dispuestos a tolerar que nuestra libertad se negocie por nada en el mundo. Es que no fuimos a llorar por un subsidio, no fuimos a mendigarle nada a ningún burócrata de ningún estamento ni absolutamente nadie fue con otra bandería ideológica que no sea la irrefrenable convicción de que SOMOS LIBRES, y que nuestro SENTIDO COMÚN está primero a sus mentiras pagas. ¿Qué lograron ellos mandando a la policía para que nos reprima y encarcele? Lograron que ahora estamos más seguros que antes. Mostraron quiénes son: no solo no están dispuestos a darnos ese debate médico -algo sumamente lógico, dada las circunstancias; también son capaces de cualquier insensatez con tal de que eso no tenga lugar. ¡Todo dicho!

Pero el sol no se puede tapar con un dedo.

Hoy la situación es un poco más compleja que el 25 de Mayo pasado. Los sabuesos de las farmacéuticas han logrado el cometido de avanzar sobre las decisiones de mucha gente por ellos mismos aleccionadas, al punto de que irreflexivamente muchas personas optaron por ponerse las «laureadas» inoculaciones (no son vacunas, sinceramente) sin saber que TENÍAN EL DERECHO DE NO HACERLO y de que absolutamente nadie en el mundo puede obligarlos a lo mismo. Los medios (pagados por las farmacéuticas, presten atención a las tandas publicitarias de los programas que miran) les llenaron la cabeza con otra cosa. Nunca les dijeron que esas inoculaciones ni siquiera fueron probadas en ratones… y nunca les contaron sobre la infinidad de efectos adversos (que incluyen la muerte, por si fuera poco) en seres humanos «vacunados». Nunca les dijeron, basuras, que las «vacunas» Astrazéneca que nos «regaló» España eran aquellas que por la indisimulable cantidad de trombosis que ocasionaban… prohibieron prácticamente en toda la Unión Europea.

Pero siempre fuimos conscientes de que todo el mundo es libre para elegir qué quiere hacer con su vida, cómo informarse y qué medidas tomar ante el advenimiento de cualquier eventualidad. A diferencia de lo que propone la pagada jerga oficial (que quiere obligar a «vacunarse» a todo el mundo, a como de lugar), nosotros nunca obligamos a nadie para que no lo hiciera. Siempre respetamos la capacidad de decidir del prójimo, más allá de toda coacción obscena.

El caso es que ahora… fueron por más y esa gente que pueden fácilmente dominar ya no les importa, ya la tienen sumamente controlada. Ahora también quieren inocular a quienes no pueden decidir por sí mismos, es decir, los niños. Y así como, entonces, las redes se llenaron de efectos adversos en torno a «vacunados» (trombosis inexplicables y muertes súbitas a doquier), ahora también comienzan a aflorar tristísimos daños colaterales (que incluyen muertes) en aquellos cuya responsabilidad de ser defendidos recae en NOSOTROS, los argentinos.

Rosario, pues, vuelve a decir… HASTA ACÁ LLEGASTE. Y te lo decimos en el mismo lugar donde nos mandaste a reprimir y meter presos. No importa. Acá estamos, y hasta acá llegaste. Con los pibes, NO. Sostené con tu propia salud el presupuesto que planeás llevar a cabo con las enfermedades del futuro que ahora querés meter en los niños.

El jueves 28 de octubre marchamos porque somos soberanos. Marchamos porque pensamos. Marchamos porque tenemos voz. Porque te metiste donde no debías. Porque este país ES NUESTRO y porque con tus absurdas proposiciones no vas a lograr otra cosa que mostrarle, otra vez, al mundo, lo que sos: un empleado de los que te publicitan y sostienen.

No precisamos que nuestra voz la escuche todo el mundo. Con que sea la nuestra, alcanza y sobra.

Rosario vuelve a marchar, no nos callaste, por más milico que pusiste para que nos silencie.

No somos conejitos de indias, muchos menos nuestros niños. Somos seres humanos, LIBRES. Y, en Argentina, nuestra libertad… no se negocia. Por eso defendemos, otra vez, el futuro de nuestro país.

Con los niños, definitivamente NO.

(*) Las opiniones aquí vertidas corresponden solo y exclusivamente a quien firma este artículo, David Rey, sin por ello ser representativas del resto de los asistentes.


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