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Rosario: las preguntas sobre las «vacunas» que el secretario de salud no quiso responder

NOTA IMPORTANTE: Estimado lector, debido a la censura imperante tanto en YOUTUBE como en FACEBOOK y TWITTER, este material debió ser subido a otra plataforma. Por favor, tenga paciencia si la carga del video no se realiza tan rápido como en las otras redes.

Clic en la imagen para ver entrevista:

Escribe: David Rey

Semanas atrás, Rosario «casi» que se convierte en la primera ciudad del país en que las autoridades sanitarias se dignen a responder las preguntas en torno al Covid y las «vacunas» que se hace todo el mundo. De hecho, en ya muchas ciudades del país se han congregado numerosos grupos de personas a fin de presentar en sus respectivas municipalidades un petitorio de alrededor de veinte preguntas que van desde indagar respecto del contenido de las substancias a lograr mayor certeza en torno al hecho de si el pretendido virus chino fue «aislado» y «secuenciado» según los protocolos clínicos en boga.

El psicólogo Alejandro Litmanovich me ha compartido una captura de pantalla de su teléfono móvil en donde desde la misma Secretaría de Salud Pública de la ciudad de Rosario le responden sobre el petitorio que, junto con un grupo de personas, entregó a las autoridades algunas semanas atrás: «Lo contactamos para comunicar que la reunión que usted solicitara refiriendo al Expte 20563/2021 se realizará el día lunes 4 de Octubre a las 10:30 en el Cemar [sic]» (Nota del redactor: Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias Rosario). En la misma captura se puede apreciar donde le indican que, por «protocolo», solo podrán asistir tres personas.

Pero ocurrió que el mismo día del ansiado diálogo, bien temprano a la mañana, se comunicaron con Litmanovich desde la susodicha secretaría aunque para informarle que la reunión había sido cancelada. Decepción total que, empero, no impidió que de todos modos algunas personas se allegaran, ya con ánimos de manifestarse, en San Luis y Moreno, a fin de lograr otra fecha para la reunión.

La misma ciudad en donde, el 25 de Mayo de 2021 y a los pies del Monumento Nacional a la Bandera, las autoridades reprimieron sin compasión y apresaron a una treintena de personas que sólo se congregó a escuchar un debate médico en torno al coronavirus, se perdió la oportunidad invalorable de limpiarse (un poco) de tamaña locura pasada y de tanta incompetencia actual.

Pero claro… para poner «pañales» fríos, en Rosario están los medios, justamente. Y, tal cual ocurrió el 25 de Mayo, otra vez fueron demonizadas aquellas personas que solamente quieren saber qué diablos hay dentro de las «vacunas» y si, efectivamente, es seguro inocular de modo indiscriminado a los niños. «Negacionistas» , «dementes antivacunas», «provocadores», «fanáticos» son apenas algunos de los hermosos anatemas con que los pasquines locales, otra vez, procuraron desautorizar a los manifestantes al mismo tiempo que limpiarle el trasero a sus auspiciantes.

Llegaron a escribir, por ejemplo, que el Secretario de Salud, Leonardo Caruana, dijo, desde el interior del Cemar, que «acá, sin barbijo, no entran». Lo curioso es que la reunión ya la había cancelado horas antes… cuando en la esquina de San Luis y Moreno -con barbijo o sin barbijo- no había absolutamente nadie. En otro orgásmico cambio de pañal, Rosario3 apuntó que «para Caruana la postura del grupo ‘anticovid’ es ofensivo [sic]», que «la foto más importante no es el microclima de estas 7 personas que se niegan a vacunarse sino las mas de 700 mil que decidieron hacerlo», que «el negacionismo (a los manifestantes) los lleva a descartar todo lo que están haciendo» (???) y, aceptando ya que cancelar la reunión estaba planeado y que no lo hicieron porque la gente no tenía barbijo, que «desde el Municipio no querían líos en la ciudad donde los líos se apilan a diario. Una movilización de médicos por la verdad [sic] exigiendo respuesta en el medio de una guerra sanitaria era al menos postergable«. (Nota en Rosario3)

La misma ciudad arrasada por el narcotráfico y que, sin embargo, declara «visitante distinguido» a un caco ultratatuado que dicen que canta, asegura que es «postergable» responder a las lógicas, sanas y hasta incluso inocentes inquietudes de la gente en torno a lo que está ocurriendo, y que involucra la salud e incluso la vida misma de los argentinos. Hay silencios que hablan más que las palabras y actitudes que insultan más que los insultos: si efectivamente fuéramos «negacionistas», ¿sería a ellos a quienes les lleváramos propiamente que en bandeja nuestras propias dudas, consultas, sugerencias? La realidad es que, no obstante, son ellos los que están negando la información insistentemente requerida ya sea tanto porque no la saben o porque están decididos a mantenerla oculta.

En ambos casos, queda más claro que nunca que no son gente para confiar, en absoluto. Y son justamente los que quieren «vacunar» a todo el mundo… incluso a tus propios hijos.

Recomiendo apreciar la entrevista al doctor Litmanovich en donde se detallan las principales preguntas del petitorio y donde, a falta de las respuestas de parte de la Secretaría de Salud en Rosario, debimos sacar nuestras propias conclusiones.


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Preso Político inició huelga de hambre en Salta: «Me voy a casa o me muero»


Escribe: David Rey

Julio Narciso Flores tiene 64 años, es el Preso Político Argentino más joven del país y está condenado a 25 años de prisión en el marco de los llamados «juicios de lesa humanidad», donde le adjudican haber sido «el jerarca» de una organización delictiva cuando tenía apenas 18 años de edad, en el transcurso de la emblemática época del 70 en Argentina y cuando apenas era un cabo mecánico de aviones con solo ocho meses «de antigüedad». Hace apenas unas horas acaba de tomar una decisión difícil, pero que viene mascullando hace un par de semanas: iniciar una huelga de hambre. «Me estoy muriendo día a día hace ya siete años», señaló a DAVIDREY.com.ar

Todo el proceso en su contra se basa en un mismo argumento. El testigo que lo señala como «responsable», primero dijo que no lo conocía. Trece años después, desde Francia -donde reside- dijo totalmente lo contrario: que sí lo reconocía en una fotografía (a pesar de haber confesado que comía con sus «carceleros» y de que Flores, profundo salteño, tenía «tonada porteña»). Increíblemente la Justicia argentina tomó como «cierto» este testimonio y dictaminó que Flores debía morir en prisión. Lo acusan de más de 70 casos de «secuestros» y de ser «el jefe» de un organización represiva: tenía, entonces, 19 años y apenas 8 meses de pertenecer a la Fuerza Aérea como cabo mecánico.

Desde el penal donde está inexplicablemente detenido, la Unidad Penal Penitenciaria Federal III Martín de Güemes, de la provincia de Salta, Flores escribió una carta «de un condenado a muerte» que corrió como reguero de pólvora y que incluso fue publicada por el diario La Prensa, de Buenos Aires. Aquí también la subscribimos a conituación.

Carta-Flores-OP-2


DAVIDREY.com.ar se puso en contacto con Flores para conocer de cerca los motivos que lo llevaron a tomar tan drástica decisión. «Estoy dispuesto a llegar adonde tenga que llegar. Me estoy muriendo día a día hace siete años. Me voy a mi casa o me muero. Mi familia entiende la decisión que tomé».

Ya más de tres mil familias argentinas fueron devastadas por las absurdas decisiones de una justicia absolutamente «comprada» por el poder político, no solo el que ha decidido que los terroristas de antaño sean considerados cual «jóvenes idealistas» sino, además, de llevar a cabo un verdadero plan de exterminio contra todos aquellos que, hace casi cincuenta años, vestían el uniforme de algunas de las Fuerzas de Seguridad.

A Julio Narciso Flores ya le fue denegada cuatro veces la prisión domiciliaria y, al día de hoy, debe compartir prisión con peligrosos narcotraficantes. A pesar de la increíble situación que le toca vivir y de la dramática decisión que acaba de tomar, aseguró a DAVIDREY.com.ar que todavía espera un fallo razonable de parte de la justicia argentina.

Escuchar entrevista a continuación:


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González Bayona sin bozal: la deshumanización de la medicina y la farsa sanitaria


La siguiente entrevista ha sido sustraída del sitio web de Valeria Vizioli.

Leonardo González Bayona tiene 53 años, es médico egresado de la UBA en el año 1997 y se especializó en Medicina Familiar en el Instituto Universitario CEMIC. Participó en el Programa de Medicina Familiar de la Southern Illinois University (EE.UU.). Tiene posgrados en Medicina Deportiva y en Obesidad y Nutrición Clínica en la Universidad Favaloro. Trabajó en la Fundación Favaloro, en el servicio de emergencias del Hospital Privado de Comunidad y en CEMIC desde el año 2010 hasta el 2021. Fue prestador exclusivo de OSDE en Medicina Clínica desde el año 2000 hasta su renuncia en 2021.

En marzo de 2020 fuimos obligados a encerrarnos en nuestras casas so pretexto de una “pandemia” sin precedentes. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos momentos y cómo vivió la situación desde su lugar de médico? ¿Qué opinión le merece el aislamiento y de qué manera se dio cuenta de que estábamos ante una farsa sanitaria?

Cuando se decretó la situación de pandemia el 11 de Marzo de 2020 yo estaba yéndome de vacaciones con mi madre a Río de Janeiro, Brasil. Desde unas semanas antes, ya presentía que algo raro ocurría. Los protocolos que iban llegando a la guardia de adultos, donde estaba trabajando, no tenían mucho sentido. Avizoraba un futuro colapso del sistema sanitario. ¿Por qué? Porque los protocolos ya mandaban a hisopar y a aislar, ocupando una cama de internación a cualquier paciente, a cualquier persona que viniendo del extranjero presentara algún síntoma banal como dolor de garganta y unas líneas de temperatura.

No había que ser demasiado inteligente para darse cuenta de que eso, en el tiempo, iba a ocasionar un colapso inevitable del sistema sanitario. Las camas se ocuparían rápidamente porque en otoño y en invierno es una patología prevalente. Si se trataba de un virus que ya estaba circulando era solo cuestión de tiempo sentarse a esperar para ver el desastre sanitario que esas medidas iban a ocasionar, ya que muchos pacientes solo tenían síntomas banales y aislarlos en un hospital, para tal fin, iba a dejar fuera de atención a muchos otros pacientes que sí necesitaban ser internados. Además no olvidemos que los profesionales de la salud debían utilizar un equipo de protección personal que constaba de botas, camisolín, guantes, gafas, pantalla, doble barbijo, etc.

Como te decía, me encontraba en Brasil cuando se declaró el estado de pandemia y realmente me despreocupé de la situación. Pero los días fueron pasando y empezó a llegarme por whatsapp y por las redes información de los médicos de la guardia donde yo trabajaba. No entendía cómo, de buenas a primeras, pudo darse una situación tan preocupante, me pareció exagerado.

En la ciudad de Río de Janeiro a fines de Febrero y principios de Marzo se había festejado un nuevo Carnaval con record de turismo extranjero, europeo y norteamericano, sin ninguna cuarentena ni ninguna medida de encierro, la gente haciendo vida absolutamente normal. Resumiendo, fueron pasando las semanas, no pude volver a Argentina y me puse a estudiar porque no me cerraba, no era lógico que encerraran a la gente sana por un supuesto virus respiratorio, no tenía sentido hacerle usar, o sugerir el uso de un tapabocas o barbijo a la población sana. Jamás antes, durante ninguna gripe estacional, ni tampoco en la fallida pandemia de H1N1 en 2009 fue de utilidad el uso de tapabocas o barbijos en población sana.

Mientras el tiempo transcurría yo seguía investigando y leyendo muchísimo, intercambiando información con colegas, con infectólogos, con clínicos. Y fui arribando a una conclusión, máxime cuando seguía varado en una ciudad que, con el correr de las semanas, debió haberse transformado en un lugar lleno de muertos, porque reitero, ahí no había medidas de cuidado, nunca había habido cuarentena, y se supone que con dos millones de turistas el virus debía haber ingresado a la ciudad y hecho estragos días más tarde.

Había una clarísima discordancia entre lo que mostraban los medios de comunicación, todos al unísono diciendo lo mismo y mostrando imágenes que yo no veía en la ciudad de Río de Janeiro recorriéndola de punta a punta, yendo por las favelas, los barrios humildes, hablando con la gente y recorriendo la guardia de diez hospitales, incluso una tienda de campaña gigante que al día 4 de Mayo de 2020 se encontraba vacía. En las guardias no había gente y el personal en la puerta de los nosocomios fuera de cámara me decía que adentro estaba todo tranquilo. Nunca vi camiones para apilar muertos, tampoco vi camiones para mantener refrigerados cadáveres como mostraban por las redes. Fui a los lugares donde eso estaba supuestamente ocurriendo y no lo vi. Reitero, el personal de los hospitales me decía que nada de eso era cierto.

El aislamiento fue absolutamente innecesario en ese momento, tal vez durante un par de días creí que podía ser cierta la cuestión de preparar el sistema de salud, pero esa creencia me duró no más de dos días. Un gran despertar para mí fue gracias a un artículo escrito por Tomás Pueyo Brochard “El martillo y el baile” (The hammer and the dance), que llegó a mis manos a fines de Marzo de 2020 a través de una infectóloga amiga, integrante de la Sociedad Argentina de Infectología. El artículo tenía un encabezado que decía: “De lectura amena y obligada en los tiempos que corren”… Este texto recorrió el mundo, te propongo que lo leas hoy y me digas, ¿si no fue terrorismo psicológico, qué fue?… Tomás Pueyo Brochard, su autor, trabajó en Silicon Valley, es una persona que sabe cómo hacer circular información en las redes y en los medios, tiene un posgrado en Psicología de la Conducta Humana, viene de una familia de cineastas, es guionista, escritor de cuentos y especialista en narrativa. Sorpresivamente, en la plataforma Youtube, encontré una charla TED que este sujeto había dado en 2018 llamada “Why stories captivate” (Por qué las historias cautivan) donde le explica a la audiencia cómo crear una historia poderosa, cómo hacer que pegue y aún sin tener hechos ciertos, pueda ser considerada como real, como verdadera. El poder de la manipulación a través de las emociones, el juego con el miedo y la empatía, es escalofriante, todavía está disponible en Youtube. Meses más tarde este señor que no es médico sino escritor, con estudios en la Universidad de Stanford sobre la conducta humana, fue contratado por el Gobierno Nacional Argentino y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como asesor para el manejo de las cuarentenas. Reitero, te remito a leer ese artículo en su versión español, artículo que fue publicado en 20 idiomas y compartido más de 40.000.000 veces en menos de una semana. El 19 de Marzo de 2020 el Gobierno Argentino dijo que había tomado ese artículo como referencia para decretar la cuarentena. (1)

Me di cuenta que era una farsa sanitaria por la sumatoria de factores, todo lo que fui viendo, todo lo que fui estudiando, todo lo que fui observando, todo lo que fui cotejando y la incoherencia absoluta de encerrar gente sana, nunca antes se había hecho en la historia, y la disparidad total de lo que mostraban por televisión y lo que yo veía en la ciudad de Río de Janeiro. Reitero, setenta días más tarde, aún en Río, no había visto ninguna ambulancia, ningún operativo que me hiciera pensar que existía una crisis sanitaria por un virus súper contagioso. Nada de eso se veía, y creo haber estado en el lugar justo en el momento indicado. Empecé a subir videos y eso me valió el hackeo de mi teléfono y llamadas a mi celular desde un número en Argentina, amenazándome con llenarme las piernas de balas si seguía recorriendo hospitales mostrando y subiendo contenido a las redes. También me pidió amistad el Dr. Oscar Cingolani, quien había sido antiguo Jefe de Clínica Médica en CEMIC, dónde yo me formé, para intentar adoctrinarme, cosa que no pudo. Este sujeto era el vocero de la Universidad John Hopkins para Latinoamérica sobre el manejo de datos, aquellas famosas curvas que había que achatar.

Desde el plano ético y moral cada profesión tiene un estatuto o reglamento por el cual se rige. En el caso de la medicina existe el Juramento Hipocrático. ¿Nos puede contar con sus palabras de qué se trata y por qué cree que en los últimos dos años tantos profesionales de la salud hicieron caso omiso de sus postulados?

El Juramento Hipocrático básicamente consiste en comprometerse con el cuidado de la salud del paciente sin dañarlo, siempre preservando la vida y el secreto profesional, en estudiar, en comprometerse con la verdad y sobre todo nunca dañar.

Ahora, ¿por qué tantos profesionales de la salud hicieron caso omiso de estos postulados? Creo que se combinan varios factores: por un lado, el miedo que le metieron a la gente con el relato de un virus súper contagioso que mataba y por el cual había que mantenerse encerrado, y disfrazarse de astronauta si había que atender a algún paciente. Este miedo también fue dirigido a los médicos, a los profesionales de la salud y a los enfermeros. Este sistema de salud es muy verticalista, se acatan órdenes, entonces los médicos obedecieron y siguieron protocolos, no fueron capaces de aplicar el pensamiento crítico, observar, cuestionar, ya que muchos de ellos, y me consta, tenían miedo de ser señalados como herejes, como negacionistas.

Todo esto sumado a que los medios de comunicación ejercían una propaganda feroz 24-7, haciendo que los profesionales de la salud se vieran completamente permeados por esa propaganda. Hay que tener mucho coraje para enfrentar al sistema e incluso el miedo al contagio. Si bien muchos médicos son bastante ignorantes, hay otros que sabiendo que las cosas no cerraban, obedecían por miedo a perder su trabajo. También hay un grupo menor de estos profesionales, no por ello menos importante, que deben haber recibido dinero para salir en los medios con un mensaje de terror, claramente operando para meterle miedo a la gente: los mercenarios. Y así como hay médicos mercenarios, también existen periodistas, comunicadores, fiscales, jueces y agentes de seguridad que obedecen órdenes y no cumplen con su tarea de hacer respetar la constitución y los derechos de la gente.

¿Cómo ve a sus colegas hoy en día? ¿Qué opinión le merecen quienes cambiaron su concepción de la práctica médica y en vez de auscultar y escuchar al paciente empezaron a ejercer la profesión exigiendo tapabocas y carnet de vacunación o pase sanitario?

Colegas llamo a los médicos que ejercen el pensamiento crítico y hacen valer su autoridad, porque para eso estudiaron y tienen un título. Además, la medicina tiene un gran componente de arte, si únicamente se tratase de seguir protocolos no haría falta estudiar medicina para ejercerla, solo bastaría con reproducir el protocolo y listo, escudándose en que la indicación vino de arriba. Por eso considero colegas a quienes observan, cuestionan y proponen alternativas, el resto son soldados con título de médico, tristemente habilitados para ejercer esta profesión de manera aberrante. Me parece increíble que se haya dejado de atender un paciente como debe ser, escuchándolo, revisándolo y viéndole la cara como siempre hicimos durante todas las gripes, es lo que yo seguí haciendo hasta hace poco que dejé de ejercer porque me cansé.

Durante un año y medio atendí a todos los pacientes como siempre, sin disfraces, sin distanciamiento, sin trapos tapando mi cara ni la de ellos. He atendido pacientes con neumonías bilaterales, los he asistido en sus casas e incluso a algunos los he internado, pero jamás formando parte de ese circo. Los médicos que exigen tapabocas o un carnet de vacunación o pase sanitario deberían reflexionar o dejar de ejercer la medicina de inmediato. No los considero médicos sino soldados funcionales a un plan de terrorismo psicológico, no tienen criterio, porque cualquier médico bien formado sabe que un tapabocas no protege de nada, ni protegió jamás ni redujo el contagio de infecciones respiratorias, sino los hubiésemos estado usando desde hace años por cada gripe estacional que, según las estadísticas de la OMS, tiene una tasa de mortalidad de hasta 600.000 personas al año.

Los tapabocas, como lo dice la palabra, son elementos para taparle la boca a la gente, trapos sucios cuyos poros son cien veces más grandes que el tamaño de un virus, por lo que desde el análisis técnico no sirven, ni hay estudios que demuestren de manera fehaciente y cabal que sirvan para reducir contagios. Pedir carnet de vacunas o pase sanitario es una barrabasada porque los médicos saben, o deberían saber, que lo que mal llaman “vacunas” son terapias génicas experimentales y no obligatorias por ley; no se puede someter a una persona a un experimento contra su voluntad, ni se pueden restringir sus libertades con la excusa de este pase que de sanitario no tiene nada.

¿Qué opina de ejercer la medicina a distancia? ¿Qué cambios trae la tecnología en este campo de la salud?

La medicina a distancia podría ser útil como una orientación pero jamás puede reemplazar a la medicina en consultorio, lo mismo que cualquier aplicación, puede llegar a servir para orientar, para facilitar la toma de un turno o para hacer un triage y saber si lo que tiene el paciente puede llegar a ser grave. Pero al paciente hay que verlo, hay que atenderlo, hay que escucharlo, hay que mirarlo, hay que darle tiempo. Desde hace años los turnos en consultorio son cada vez menores, hoy duran entre 5 y 10 minutos, una locura.

Los avances de la tecnología tienen cosas buenas, pero tienen también cosas malas como esta, la deshumanización del ejercicio de la medicina. La medicina es un arte que no se puede perder, el “Quedate en casa” y la atención telefónica, más con pacientes enfermos, me parece que fueron medidas que ayudaron a enfermar más a la gente, porque la seguridad que te da un profesional que atiende como Dios manda no puede ser reemplazada por un llamado. Así también es como muchos fallecieron, ya que por teléfono el médico no puede observar o tener una noción de que algo está mal. Hay pacientes que son estoicos y niegan síntomas y otros hipocondríacos que los exageran, por eso nada puede reemplazar la atención personalizada.

¿Cómo ve la medicina a corto, mediano y largo plazo?

La veo mal, desde mi lugar considero que la medicina necesita ser reconstruida, viene en decadencia desde hace años. Existe una gran presión de los laboratorios sobre los médicos, quienes reciben retornos en forma de dinero o en viajes y congresos. La medicina está basada en la prescripción de pastillas, pastillas y más pastillas, no existe la prevención, existe la hipermedicación, la realización de estudios complementarios excesivos para facturar, pasar al paciente por las máquinas en vez de ayudarlo a gerenciar su salud.

Así como se viene ejerciendo la medicina en estos últimos dos años, a largo plazo la veo muy mal, no da para más. Creo que tendremos que abrir la cabeza para encontrar otras formas de curar. La medicina se abrirá en dos: estarán los que quieran seguir con la medicina deshumanizada y los que nos apartemos para buscar recuperar aquellas cosas buenas que hemos aprendido y hemos puesto en práctica durante todos estos años, desechar las cosas malas e incorporar nuevos conocimientos de medicinas milenarias y naturales. Es fundamental no perder la humanidad, el don de seres humanos, porque nuestra palabra cura. Si el médico se transforma en un holograma o avatar deja de contar con sus recursos más valiosos: la palabra y la presencia para curar.

Por último, ¿cómo explica que el uso del barbijo/tapaboca, elementos que nunca han sido preventivos o de utilidad en esta mal llamada pandemia, sea derogado por decreto? Cómo es posible justificar medidas supuestamente epidemiológicas mediante reglamentaciones que nada tienen que ver con la salud sino con criterios netamente burocráticos?

Esta nunca fue una cuestión sanitaria sino política. Desde la predicción que hizo Neil Ferguson a principios de 2020 desde el Imperial College de Londres con su estudio basado en un modelo matemático, completamente inexacto, donde en menos de un año predecía millones de muertos en EE.UU. y en Inglaterra, deberíamos fijarnos quiénes financian a estas universidades y a estos pseudocientíficos. Detrás están los laboratorios, los mismos que sponsorean a la OMS, los mismos que dan grandes sumas de dinero a las universidades para realizar investigaciones clínicas, estudios científicos que arrojan resultados que les convenga a ellos.

Todo es política, como el test PCR, que es un test inespecífico que arroja falsos positivos y fue la punta de lanza, la clave para poder justificar el armado de este engaño, mentiras y terror psicológico. Gracias a este test se pudieron contar casos, se pudo inventar la figura del enfermo asintomático y se justificó de manera no científica el encierro de las personas y todas las medidas ridículas, como el uso del alcohol en gel y de los tapabocas que, como ya sabemos, nunca demostraron ser de utilidad para la prevención o reducción de contagios.

Tampoco se permitieron las autopsias, ni tampoco se habilitó un debate médico-científico, jamás se permitió escuchar otras voces y quienes opinábamos diferente, científicos de renombre a nivel mundial, médicos, bioquímicos, expertos en metodología diagnóstica, epidemiólogos, etc., fuimos censurados en las redes, que hoy son la principal vía de manipulación de opinión. Creo que la pandemia o “plandemia” de 2009 de H1N1 no prosperó porque todavía no estaban tan desarrolladas las redes sociales como lo están hoy.

Hoy las medidas se toman por decreto, todo se hace como si fuera una reglamentación más que hay que cumplir y mucha gente sabiendo que son reglamentaciones que no tienen sustento científicoy que no ayudan a la salud, sino todo lo contrario, enferman, las cumplen por una cuestión de obediencia, porque hay una cadena de mando. Vas a un banco y hay un policía en la puerta que te pide un carnet o un político saca un decreto o una ley inconstitucional, como el gobernador de Jujuy que exigía pase sanitario para viajar en medios de transporte público. Se violaron los derechos fundamentales de las personas y la justicia en su mayoría no hizo nada, fue y sigue siendo cómplice.

Espero que esta nota ayude a tomar consciencia y que la gente pueda ver que se ha mentido, que se han puesto en las listas de muertos a muchas personas que murieron por otras patologías, como el cáncer y otras enfermedades conocidas que, con medidas como el encierro, el aislamiento, el terror, la mala alimentación, el sedentarismo y la no exposición al sol, se agravaron aún más. Hubo pérdidas de trabajo, depresión, aumento de peso, se incrementaron los factores de riesgo cardiovasculares como la hipertensión y la diabetes. La gente fumó más, tomo más alcohol y consumió drogas, aumentando las enfermedades crónicas no transmisibles, que son la causa número uno de muertes. Si a eso le sumamos las consecuencias de estos inóculos mal llamados “vacunas”, que ya han demostrado efectos terribles en millones de personas a corto plazo, sin saber todavía a medio y largo plazo lo que puede pasar, no nos extrañe que dentro de poco tengamos pandemias de enfermedad coronaria, accidentes cerebro-vasculares, enfermedades degenerativas autoinmunes, cáncer, chicos que no van a ser padres porque quedaron estériles y epidemias de abortos, cosas que ya se están viendo entre otras tantas patologías.

(1) Coronavirus: por qué tenemos que actuar ahora

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Pampillón respondió a la operación en su contra: «Es un honor que me denuncien los que defienden delincuentes»


Escribe: David Rey

La prensa actuó de forma ordenada y sistemática: anteponer la denostación, el descrédito, a la noticia en sí. La noticia fue que alguien dijo que “hay que quemar las banderas mapuches”, pero lo prioritario fue siempre aclarar –primero- que ese alguien está “loco”, es el “malo”, el “nazi” o el “neonazi”. De modo que, entonces, “quemar las banderas” estaría mal no por el hecho en sí sino porque lo dijo quien lo dijo. Pero, ¿por qué necesitan, pues, aclarar que es malo el que habla? ¿No será que, acaso, no es tan malo o incorrecto lo que propone?

Y la prensa, toda, redundó más en capciosas falencias informativas que en impostergables precisiones. Al “loco” también había que ningunearlo, de tal suerte que en todo momento se refirió a Carlos Gustavo Pampillón como a un “dirigente neonazi” cuando, en realidad, el mencionado es nada menos que el principal referente de RENACER, una agrupación política de sólida formación y –quizá por esto mismo- de un crecimiento tan encomiable como envidiable.

Varios días atrás, Pampillón había bramado en las redes sociales con un video en el cual repudiaba que nada menos que en un establecimiento educativo como lo es la Universidad Nacional de Comahue, en la provincia de Neuquén, se hubiera arriado la bandera argentina para que, en su lugar, se izara el trapo de los pretendidos mapuches. Y su reacción fue a lo Pampillón. Dijo: «Quiero invitar a todos los argentinos bien nacidos, bien paridos, a que nos organicemos para quemar, destruir y bajar todas las banderas mapuches de cualquier establecimiento público oficial donde las veamos».

Esto le valió que la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén (APDH) lo denunciara por “incitar a la violencia y al odio hacia la comunidad mapuche”. Otra pantomima más para dar inicio a toda una operación de prensa cuyo propósito, más allá de hostigar a Pampillón, no es otro que aleccionar a los demás referentes políticos y de procurar algún forzado consenso en la opinión pública, justamente en una época donde los “reclamos” de la “comunidad mapuche” han pasado a materializarse en acciones de violencia tanto en Argentina como en Chile.

La misma receta

La misma prensa que convirtió en “jóvenes idealistas” a los grupos terroristas que asolaron nuestro país en la época del 70 y que los forró de miles y miles de dólares sustraídos del erario público en concepto de “indemnizaciones”, es exactamente la misma –y con idéntica metodología- que ahora postula a los presuntos mapuches como a tiernos aborígenes “ancestrales” que claman por un lugar en el mundo para vivir sin que los molesten “los nazis”.

Nada más alejado de la realidad si, en principio, consideramos que la palabra “mapuche” es, resumidamente, el disfraz que se pusieron los araucanos (chilenos) una vez que cruzaron la cordillera para invadir a una Argentina ya constituida, exterminar a los Tehuelches argentinos y llevar a cabo un sinfín de malones y secuestros de mujeres que, en definitiva, motivó nada menos que dos Campañas del Desierto, una instruida por el Brigadier Rosas y otra por el presidente Avellaneda, más allá de que la progresía “se la agarre” solo con el General Roca.

Parte del remanente invasor que sobrevivió a ambas operaciones militares, a las que este país debe su extensión, es la que, tras muchos años, comenzó a hacerse llamar “mapuche” y que hoy se da el gusto de izar “su” bandera en una universidad como de quitarle sus instalaciones nada menos que al Ejército Argentino, al mismo tiempo que sus ya diarios atropellos contra la propiedad privada y la ciudadanía son sistemáticamente relativizados cuando no silenciados por la misma prensa que lamenta a “los nazis”.

Antes que todo: aclarar que es «nazi» el que dice lo que piensa todo argentino bien nacido.

Más leña al fuego

Lejos de amilanarse ante este nuevo hostigamiento de la prensa, Carlos Pampillón confió a DAVIDREY.com.ar que “para mí es un honor ser denunciado por esos organismos tan despreciables de nuestro país que defienden delincuentes”, y recalcó que “yo no respeto ninguna otra bandera que no sea la de la República Argentina, mucho menos la de este «trapo» inventado de los mapuches, que ni siquiera son un pueblo originario de nuestra zona y que no reconocen la soberanía argentina. Cualquier argentino los tiene que ver como a enemigos”. Seguidamente, focalizó: “Yo solamente quiero la unión de todos los argentinos. Cuando pido que bajen esa bandera, me amparo en la Constitución Nacional”.

Si faltaba más acción, Pampillón enfatizó que “si hubiera un gobierno de patriotas no permitiría que estos terroristas sigan avanzando y tomando tierras. Ellos las toman como una región propia, y se arman y todo. Entonces, para mí sería justo que haya por lo menos cien civiles armados que vayan a defender el Regimiento…”. En fin, si quieren más “Pampi Love”, vean la entrevista (no se guarda nada), pero la cuestión, en realidad, pasa por otro lado.

Es que Carlos Gustavo Pampillón no ha inventado nada, solo es un argentino que -al decir suyo- “tiene las pelotas” para no callar algo tan elemental como el derecho que todo argentino tiene de valerse por sí mismo… y, justamente, dejar de lado todo ese marasmo de falsedades con que los círculos de poder y sus medios de comunicación pretenden domesticarnos día a día. Y acá está, pues, lo que en verdad molesta. No les molesta lo que dice Pampillón (es lo que piensa absolutamente todo el mundo), les molesta que alguien se anime a decirlo. Y, peor, si ese alguien es la cabeza de un partido político como RENACER. De ahí el ataque y todo el ninguneo.

Pampillón es el máximo referente de una agrupación política «patriota» y «de derecha».

RENACER

Pero hay algo más importante, ojo. Pampillón debería comenzar a considerar el inestimable alcance de sus expresiones y procurar un léxico o una forma que no permita “al enemigo” encontrar motivos para atacarlo. Está en política, no en un campo de batalla. Y RENACER tiene la obligación de cuidar todo aquello que ha logrado en tan poco tiempo puesto que, como acaba de ocurrir, los van a utilizar a ellos para acobardar -aún más- a las demás expresiones políticas que puedan objetar el avance de los terroristas en la Patagonia.

Pampillón es un laburante más, se va de boca como todo laburante hastiado de tanta contingencia y, además, tiene la responsabilidad de ser el norte de todo un movimiento que siente igual que él. Tiene que aprovechar algo muy grande que tiene a favor, lo más grande, valioso y envidiable en el terreno donde ha irrumpido: a él solo le pueden endilgar que “es nazi” (aunque sin absolutamente ningún argumento al respecto). Es para celebrar que en este país haya un político al que solo le puedan machacar que es “nazi”. A otros los pueden correr con que son drogadictos, narcos, ladrones, plagiadores, borrachos, putaneros, violadores, coimeros, vendepatrias, terroristas, asesinos, criminales…

A ellos ya los tienen “agarrados”, pero a Pampillón le tienen que inventar una “boludez” para tratar de atajar eso que viene y que no pueden parar, y que no es otra cosa que ese mismo sentir nacional cada día menos paciente con tanta estrafalaria mentira en todos lados. Si dijo que hay que “bajar el trapo mapuche y prenderlo fuego”, en realidad no lo dijo él, sino que lo tomó del mismo pueblo harto de tanto absurdo y atropello. A ese pueblo que clama por su libertad y soberanía es al que quieren parar con tanto circo mediático, no a él.

Lo cortés, dicen, no quita lo valiente. Y la lógica indica que cuando algo está en proceso de pudrición, inevitablemente termina por podrirse del todo por sí solo. Si bien “odiar lo malo es un acto de amor”, lo que importa es amar más de lo que se odia para que nunca falte el sol a la tierra hermosa que solamente espera por ser panza de raíces, plantas, flores y frutos. Entonces, el canto de la libertad será un aire que se respire hasta el alma… Ni siquiera será un temblor en la visión cuanta escoria maldita se animó a desafiar nuestra soberanía y que, por lo mismo, terminó deseando haberse muerto antes de haber nacido. Eligieron eso y estaban en todo su derecho.

Otros optaron por RENACER.


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Todos contra Milei


Escribe: David Rey

Ahora están todos contra Javier Milei, el referente de un meteórico ascenso en la política que, además de ocupar una banca como diputado, es uno de los principales candidatos a sentarse en el sillón de Rivadavia dentro de poco. Todos contra Milei porque lo critican por sus dichos (más allá de toda la manipulación que hay en torno a lo que dice) pero, curiosamente, lo tienen ahí, en primera plana, lo que más necesita un político, al menos uno en un país como Argentina. En política no importa que hablen mal de uno; lo que importa es que hablen de uno… Y esto, el gritón economista de los pelos para todos lados, parece tenerlo bastante claro.

A Milei le adjudican estar “a favor” del mercado de órganos humanos (algo que hasta ayer no preocupaba a nadie en el mundo)… precisamente las mismas personas que están a favor del aborto, que sí es un tremendo mercado, como el de la experimentación con inóculos para el resfrío. El caso es que, para ser exactos, Milei respondió simplemente a una consulta del periodista Jorge Lanata al respecto con la única óptica de la que es un eximio referente: la de economista liberal, o libertario, o cómo él quiera llamarlo. Milei no dijo nunca “estoy a favor de que se mercantilicen los órganos”, respondió insistentemente con que cada uno es libre de hacer con su cuerpo (su propiedad) lo que quiera, y que “nadie es quién” para decirle a otro qué hacer con su vida. Claro que esto último es lo que molesta. (Que aquellos que apoyan el aborto, como los que ahora atacan al economista, “se alarmen” porque fulano quiera vender un riñón, es un insulto a la inteligencia que no acepta discusión. Vamos…).

Yo quisiera poder decir que “no estoy de acuerdo” con Milei… si hubiera dicho lo que la prensa dice que dijo. Seguro, por ejemplo, que Milei estaría a favor de la despenalización de la venta de estupefacientes (es mi parecer, considerando que -casi- todos los liberales lo están), algo que encontraría mi resistencia de inmediato. Pero esto no quiere decir que yo no vaya a comprender que dicha postura estaría circunscrita a una lógica ideológica que, me parezca buena o no, precisa de toda mi consideración. Es lógico que un liberal (ultra) esté a favor de que, como Milei insiste, cada uno sea libre de hacer lo que quiera, más allá de que yo considere lo que me parezca dentro de ese “hacer lo que quiera”.

Pero Milei fue más al hueso todavía, y acá también hay otra cosa que molesta “a la casta” y sus sirvientes: ¿por qué se asombran de que exista una persona que quiera vender una parte de “su” cuerpo, si el Estado ya dispone de mitad de nuestras vidas? ¿Acaso molesta que “no sea” el Estado el que disponga qué hacer con esa parte del cuerpo? El mismo Estado que, de la noche a la mañana, y contra todo el sentir de una nación, convirtió en “legal” el asesinato de niños por nacer (justamente, seres humanos sin capacidad de decidir sobre sí mismos). El mismo Estado que violó la cacareada Constitución Nacional para convertir en “obligatoria” una inoculación experimental (ni siquiera probada en ratas) en el marco de una pandemia indemostrable… circo autoritario al que se prestó el mismo Milei para poder salir del país a dar conferencias (nadie de los que ahora lo critican lo corre con esto, ¿eh?).

Milei puede decir que está a favor del sexo con animales o que está a favor de la eutanasia, y esto seguramente no va a molestar tanto siempre y cuando lo mismo no vaya en desmedro de esa hipócrita pretensión de “cuidar” al semejante cuando en realidad lo que se pretende es controlarlo más todavía, tenerlo más “a raya” aún. El problema es que haya priorizado la voluntad del individuo -cualesquiera que sean sus motivaciones- por sobre la prepotencia del sacrosanto Estado. Claro que un liberal -a lo Milei- va a consentir que si una persona se quiere pegar un tiro en el pie está en todo su derecho de hacerlo antes de que sea el cínico y corrupto Estado el que se lo impida, ¿en base a qué superioridad moral? Es como que un asesino serial le prohíba al resto a salir de caza, o que un violador dictamine cerrar todos los prostíbulos del país (“privados”, quiero decir, porque a los prostíbulos ya se encargaron de cerrarlos).

Claro que la idea de que alguien venda un órgano suyo “para poder comer” espanta a cualquier cristiano bien nacido, más aún si lo mismo connota con la idea de que tal cosa remite a un “mercado negro” donde hay personas que son secuestradas para lo mismo (algo que, lamentablemente, tiene lugar). Pero Milei lo que dijo es, justamente, lo peor de lo peor: es decir, planteó la posibilidad de que NO haya “un transa” en ese “mercado”. Y, justamente, “el mercado”, en lugar de ocuparse de que no existan personas con la necesidad de vender un órgano “para poder comer”, sale a liquidar al economista. Muy explicativo, ¿no?

Es como si alguien que autoriza a que maten a una persona que todavía no nació… ¡se alarme porque yo quiera sacarme un pulmón y vendérselo al vecino! ¿De verás les molesta que yo quiera vender un órgano mío… o les jode que lo pueda hacer sin rendirles cuentas a ellos? No saben si lo hago por necesidad, por amor o simple economía… Les jode que dicho proceso no pase por sus “porosas manos”. ¿O alguien de verdad se piensa que esta casta de delincuentes que nos gobierna… tiene buenas intenciones?

Al menos con Milei podría elegir qué hacer con mi cuerpo, con mi vida, es decir, mi propiedad. Sin «interferencias». Lo que molesta es eso: la posibilidad de que podamos elegir, es decir, vivir en un mundo lleno de mejores opciones… a las pocas que hoy tenemos.

Infectólogos lamentan disminución en vacunaciones infantiles y proponen ponérselas «todas juntas con la del COVID»


Escribe: David Rey

Ahora resulta que los infectólogos están alarmados porque hubo una caída “estrepitosa” en la vacunación infantil, más precisamente la que corresponde al llamado “calendario nacional”. En rigor, el diario La Capital informó respecto de una cumbre de profesionales de todo el país para participar de las Primeras Jornadas de Infectología de Rosario. Allí, la presidente de la Sociedad de Infectología de Rosario, Fernanda Ferrer, aseguró que la “cobertura de la población infantil”, normalmente del 90 por ciento, cayó “en pandemia a menos del 70”.

Para la médica, según recogió el diario rosarino, “las coberturas de vacuna de calendario se vieron muy afectadas por la pandemia”. Es decir, por curar una cosa, enfermaron con otra, y por meter de modo compulsivo e inconstitucional un inóculo experimental (ni siquiera probado en ratas) dejaron de poner las vacunas “oficiales”. Ahora, ¿será así como lo plantea Ferrer, quien además integra justamente la mesa de Medidas de Prevención y Vacunas, o será que a partir del fiasco del COVID y de los miles y miles de muertos y efectos adversos que causaron las pretendidas vacunas en todo el mundo… mucha gente ha terminado por poner en el tapete también a las hasta hace un tiempo incuestionables vacunas “de calendario”?

De hecho, no hemos sido pocas las personas que aprovechamos estos ya casi tres años de infamia pandémica para formarnos un poco al respecto e, inevitablemente, volvernos un tanto suspicaces en torno a lo planteado desde una “oficialidad” tan espuria como corrompida. Es que acaso los patrocinadores del resfrío convertido en pandemia como de la inoculación intempestiva e indiscriminada (al extremo de alentar la DISCRIMINACIÓN de quienes no se hayan pinchado con el experimento) … ¡nos dimos cuenta que son los mismos que fomentan todas las otras vacunas! En fin, si nos mintieron, nos engañaron y nos enfermaron (e, incluso, mataron) con la inyección que supuestamente cura una supuesta enfermedad que causa un virus que no existe, en el marco de una pandemia indemostrable, ¿por qué no habrían de haber hecho lo mismo antes también?

Por si a este razonamiento -por cierto, básico, no científico, pero inevitablemente emanado del sentido común- le faltaba un “refuerzo”, la misma doctora Ferrer aseguró, según el mismo matutino, que “si bien la vacuna contra el Covid es muy importante en las poblaciones infantiles, no podemos hacer foco solo en eso: tenemos que aprovechar esa campaña para vacunar a todos los niños y adolescentes con las vacunas de calendario que les faltan”. En fin, si alguien que ya les tenía desconfianza a las sacrosantas vacunas del calendario nacional, ahora precisamente no va a salir corriendo para inocular a sus hijos contra algo que, quizá, pueda ser peor el remedio que la enfermedad, tal cual se evidenció en estos tres años de resfrío mortífero.

“Hoy se sabe”, señaló Ferrer, “porque hay evidencia científica en ese sentido, que pueden colocarse varias vacunas juntas sin que eso represente un problema para la salud». De modo que la médica quiere meterles, a los niños, la del paródico virus chino con todas las otras juntas… sin importar que quizás haya sistemas inmunes que puedan no estar aún lo suficientemente preparados para tolerar dicha incursión clínica. Por ejemplo, ¿acaso es mentira que hay muchos pacientes con cáncer que, debido a su actual estado de salud, no podrían ser sometidos a una operación o a una quimioterapia? Restaría conocer la “evidencia científica” a la que hace alusión la médica, ¿no? Ni ella ni el diario hicieron alusión a algo tan significativo.

En fin, lo cierto es que ya la prensa “importante” no puede disimular más el estrago que las pretendidas vacunas contra el COVID han producido en la población, de ahí que ahora empecemos a ver noticias de diarios conocidos recopilando “una parte” de los efectos adversos que se han registrado en todas las latitudes. La gente común y corriente, de un día para otro, ha adoptado palabras a las que nunca antes hubiera accedido, y no lo hizo por curiosa, cultivada o expeditiva sino porque el mundo se llenó de miocarditis, pericarditis, púrpuras trombocitopenias, trombosis, desmayos y muertes repentinas, enfermedades autoinmunes, afecciones “congénitas” de personas con padres, abuelos y tatarabuelos exentos de la misma, hemorroides trombosadas a doquier, aneurismas, menopausias adelantadas, menstruaciones irregulares, epilepsias, ¡amputaciones! … Y esto (que no menciona las muertes), ojo, es solo el comienzo, es decir, los efectos a corto plazo de esa inyección experimental con que hicieron clientes eternos de las farmacéuticas a la mayor parte de la población… antes de que estos conocieran otra cosita importante que aprendimos ahora último: el consentimiento informado, es decir, la parte en que un médico le cuenta a su paciente respecto de los posibles daños que dicha medicina podría causarle, para que sea el mismo paciente el que decida afrontarlo con su firma de puño y letra.

No son pocos los médicos, infectólogos, virólogos que nos vienen advirtiendo, desde donde pueden y desde donde no son censurados, respecto de esta estafa sanitaria mundial y que, incluso, se adelantaron a la misma viruela del mono o la hepatitis de “origen desconocido”, otros efectos adversos -de moda hoy- de las inoculaciones del Covid incluso advertidos en el prospecto de los inóculos. ¿Por qué estas personas no fueron invitadas a participar y debatir en una cumbre “tan importante” como las Primeras Jornadas de Infectología de Rosario en el hotel 5 estrellas RosTower? Ni que fueran a comerse todas las medialunas…

Si bien hay muchos que todavía eligen “no ver tres arriba de un burro”, está más que claro que los científicos “oficiales”, los que salen en los diarios “importantes”, no hacen más que oscurecer antes que aclarar. Toda ciencia que esquive o evite el debate, por más prensa que tengan, no es ciencia sino crimen, y porque naturalmente su objetivo visceral no está dado en el bien de la ciencia ni de las personas sino en indecibles intereses corporativos. No les interesa tu salud, quieren vender más porquería, por eso callan, ningunean y no aceptan debatir con aquellas personas que tienen un argumento científico que va en contra de lo que les conviene.

No es científico lo que digo, claro. Es sentido común. Si algún científico de los involucrados piensa que estoy equivocado, me escribe a info@davidrey.com.ar

Lo entrevistaré con todo gusto. Por ahora, después de verlos en el diario, no me vacuno ni loco.


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David Rey, y otra censura de YouTube por entrevistar a Mariana Maffía


Escribe: David Rey

DAVID REY RESPONDE A UNA NUEVA CENSURA POR ENTREVISTA A MARIANA MAFFÍA (originalmente publicado en Facebook).

Otra vez YouTube vuelve a censurarme. Ya ni me molesta…

Ahora, por haber subido a esa red un fragmento de una entrevista que hiciera a la doctora Mariana Maffía respecto de un libro que escribió de título «Mamá, ayúdame», la historia que narra el periplo de una madre de un hijo autista y epiléptico para lograr mitigar la enfermedad y, de este modo, conseguir una calidad de vida signiticativamente mejor tanto para él como para toda la familia.

Para YouTube, con mi trabajo como periodista, he «infringido» su «política sobre la desinformación médica», una estupidez de acá a la China. Pero bueno… es lo que hay.

Yo sé que lo que yo pueda llegar a decir o pensar a muy poca gente pueda importarle. Es que somos el país del «súper ombligo», es decir, todo el mundo gravita en torno al propio ombligo y solo se interesa de ciertas cosas hasta que le toca un hijo autista o algo así… Somos el país que vive drogado con los firuletes de la televisión y todo el mundo se cree un «héroe», «referente» o «influencer» al que jamás le podrá pasar nada feo. Es la era del «influencerismo barato», y ahí los tenés… a los boludos insolentes, posando constantemente para la foto o haciendo videítos insulsos que, además de evidenciar la pobreza espiritual de la que adolecen, reflejan el enorme nivel de egoísmo que no solo ellos encarnan… sino también sus pretendidos «seguidores», esa recua babeante de boludos gratuitos que inundan las redes.

Es que hay gente que DE VERDAD tiene un testimonio valioso para dar, un testimonio que DE VERDAD puede ser de gran utilidad para otras personas que, justamente, lo necesitan y, quizás, lo están esperando. Un padre, por caso, cuyo hijo de diez años no se comporta como el resto (reacciona de modo violento al contacto) y que, además, convulsiona todos los días… y que, por colmo, no responde a la cada vez más densa medicación que se le suministra todos los malditos días… ¿qué necesita más, un histérico influencer que haga catarsis respecto de lo mal que está porque no sabe de qué color pintarse el pelo… o una mamá, con experiencia, que le cuente qué hizo ella para neutralizar la situación de mierda por la que está pasando?

Quizás los consejos de Mariana Maffía puedan serle de utilidad. Claro, quizás no. Pero, ¿saben qué es lo más importante en todo esto? Hacerle saber a ese papá o a esa mamá que hay otro como ellos exactamente con el mismo problema y que -sea como sea- estamos ahí para ayudarlo, para escucharlo, para contenerlo y para ver de «buscarle la vuelta» como sea. Estamos ahí para que sepa que no está solo, que hemos hecho propio su dolor y que, pase lo que pase, podrá seguir contando con nosotros. «¿Estamos equivocados…? Perdón… pero acá estamos para seguir marchando con vos».

Para YouTube, esto es «desinformación médica». Es decir, la historia de una mamá que logró, nada menos, revertir considerablemente el autismo de su hijo y, no menor, curar por completo la epilepsia grave por la que atravesaba, con convulsiones que lo dejaban «como muerto» hasta media hora. Si tenés un hijo autista o epiléptico, o, directamente, si tenés buen corazón, ¿no te va a interesar saber cómo hizo esta mujer para enfrentar con éxito esta situación?

¿Acaso esto le jode a YouTube, que una mamá haya podido salvarle la vida a su pequeño? (Se me ocurre pensar así, ya que no veo a nadie quejándose porque le hayan borrado su trabajo periodístico «a favor» del aborto).

A mí no me jode que YouTube me censure, les soy honesto. Es ya -seamos francos- una red de onanistas asumidos e irrecuperables (igual que Facebok, ni que hablar de Instagram…). En criollo, y para ser entendido, YouTube y Facebook me chupan un huevo, como el grueso de sus internautas buenos para nada. Mi amor propio me prohibe realizar trabajos periodísticos en función de esa mayoría insulsa y babeante de siempre, puesto que mi trabajo va dirigido a esa otra parte de la población cuyo testimonio y cuya predisposición ante la vida (y las eventualidades que tocan vivir) merecen y requieren atención y, por qué no, admiración.

Es cierto que si YouTube me censuró es porque esa fracción de entrevista que subí… llegó demasiado lejos y, por tanto, me priva a mí de «ostentar» un alcance mayor. Pero, a decir verdad, que YouTube me censure, para mí, es como si no me dejaran entrar a una fiesta de feos… por ser lindo, o de brutos por ser inteligente. Una fiesta de esclavos, no entrás por ser libre.

Lo triste, en toda esta historia, es que quizás había algunos padres que, esta noche, en lugar de ir al cine o ver cómo fulano despotrica contra el sistema… están pensando en cómo hacer mañana, con un hijo que no entiende el amor que le dan y que convulsiona de repente sin que haya pastilla que lo calme. YouTube no vale nada para mí ni yo para YouTube, pero YouTube se acaba de encargar -otra vez- de negarle algo de paz, algo de esperanza… a esa misma gente a la que yo quise llegar por ese medio.

El fragmento que fue censurado, se puede ver en el siguiente link:

Si desean ver la entrevista completa a Mariana Maffía, a quien le agradezco que me haya regalado su maravilloso libro, lo pueden hacer aquí:

En lo que a mí respecta, agradezco a YouTube el secreto honor que me regala… por impedirme entrar a esa fiesta de feos y desgarbados. Yo voy donde van los lindos, los que luchan, los que no se rinden, los que no precisan alguien o algo que les diga qué ver, qué decir, qué pensar…

Es un verdadero honor.


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25 de Mayo de 2021, el día que todos fuimos médicos

Ver documental con clic en la imagen.

Escribe: David Rey

Ese 25 Mayo (día patrio en Argentina) no iba a ser como los anteriores, esta vez teníamos la oportunidad (y la obligación) de hacer algo. Tras un año de una ridícula cuarentena en torno a la indemostrable pandemia del supuesto Sars-Cov-2, el horizonte cada día se tornaba más sombrío. La -por los medios- aclamada “vacuna” hacía medio año que se inoculaba indiscriminadamente (al tiempo de que ya daban de qué hablar sus variados efectos adversos) y, a pesar de esto, el gobierno insistía con más restricciones que no solo insultaban el sentido común de los argentinos, sino que además jaqueaba gravemente la economía y el trabajo de muchos “no esenciales”.

Y Rosario iba a ser el epicentro de ese grito ahogado que palpitaba en todo el mundo. Iban a venir a darnos una charla, a proponer un debate médico, nada menos que el doctor Mariano Arriaga, la doctora Chinda Brandolino, el doctor Mariano Martínez, el doctor José Luis Gettor, la doctora Matelda Lisdero y otros tantos profesionales más cuya voz, hasta entonces y sin ninguna válida explicación, era sistemáticamente silenciada en todos los medios masivos de comunicación. Además, era mi oportunidad, como periodista, de recoger el testimonio de todas estas personas que, con criterio médico, rechazaban una tras otra las tan absurdas como prepotentes disposiciones del gobierno respecto de cómo “cuidarnos” del endiablado “coronavirus”. Tenía para hacerme un pic-nic, ¡y nada menos que en mi ciudad, en el Monumento Nacional a la Bandera y un 25 de Mayo!

Pero resulta que acá el gobernador Omar Perotti, un pantriste de la escena política provincial con menos convicción que una roca errando en el espacio, junto con el intendente Pablo Javkin, el más sonrientemente inútil de todos los intendentes que tuvo Rosario en toda su historia -algo que ni él mismo podría discutir-, habían “decretado” que las reuniones estaban “prohibidas”. Dos pobres imbéciles que, por acción u omisión, son el hazmerreír de los narcotraficantes que deciden la vida de la provincia (peor aún que sus antecesores socialistas), ahora pretendían decidir sobre la vida de la gente como si fueran consagrados epidemiólogos en el mismísimo salón de la justicia. Qué fantochada. ¿Quién podría tomar por cierto que dos disminuidos así -en todo sentido- irían a prohibir tal o cual cosa?

La pusieron como ejecutora del absurdo total (impedir que los médicos hablen) a la flamante jefa de la Policía de Santa Fe, la señora Emilce Chimenti, un ser asexuado cuya grotesca gestualidad nos remite a una etapa previa y enternecedora del ser humano, para que REPRIMA a “los manifestantes”. Y la tipa, claro, no se las anduvo con vueltas, por más que con ello sacrificara el buen concepto que no poca gente conservara respecto de su apellido. Dos imbéciles y un primate se pusieron de acuerdo para que el debate médico no tuviera lugar.

Yo salí de casa algo nervioso, sabía que algo raro me esperaba, más allá de que iba para registrar lo que los médicos tenían para decir. Al fin iba a poder conocerlos, y que me aclaren las dudas que yo mismo tenía en torno a todo este absurdo, y en torno a ellos también… A ver si eran tan valientes como parecían. Pero recuerdo que esas veinte cuadras las caminé nervioso, preocupado, angustiado… No podía concentrarme en mi trabajo. Compré algo para tomar en un quiosco, fumé otro cigarrillo, el Monumento a la Bandera, a cada paso, más cerca. Y ahí estaban, los boludos azules de Chimenti; nos estaban esperando como si se tratara de una invasión alienígena…

El primer policía con el que tuve contacto fue un pibe bueno. Me pidió que “circulara”, que no estuviera quieto, en grupo. El Monumento, sin embargo, ese día se veía más lindo que nunca… Cielo azul, sol radiante: un 25 de Mayo para llorar de emoción. Otro policía, quizá del mismo linaje antropológico que la jefa, me dijo: “Ponete el barbijo”. Ahí me di cuenta que ni me había percatado de llevarme uno, aunque sea arrugado y lleno de migas dentro de un bolsillo. Y ahí lo vi, a lo lejos, a mi futuro gran amigo, Marcelo, que se venía al ruedo enarbolando una maravillosa bandera argentina. “Este está más loco que yo”, pensé, y el loco enfrentó las cámaras de los periodistas con un estoicismo envidiable. A los gritos, con el alma.

Todos estábamos cansados de tanta paranoia… y no nos quedaba más que hablarles en el mismo lenguaje, a estas basuras pagas. Recuerdo, al pie del Monumento, cierta expectación que sentí cuando divisé en la creciente multitud a varios médicos “famosos”, y recuerdo que, de pronto, la cosa se empezó a caldear de tal modo que la policía comenzó a llevarse gente… Cuando, a un metro de mí, la “cana” apresó a una persona, no pude con mi genio. Me acerqué y les dije: “Dejalo, boludo… cómo vas a meter preso a un laburante”. El caso es que terminé con las manos cruzadas en la espalda yo también, y con otro australopiteco pidiéndome que me ponga el barbijo. Cansado por la insistencia, le grité: “¡No tengo esa mierda!”.

¿Por qué tanta violencia?

El policía, en la profunda mediocridad de su alma, ve fantasmas y, entonces, actúa por impulsos. Sabía, pues, que tenía consenso, esta vez tenía consenso ya sea tanto de los medios como de la ciudadanía, quienes en lugar de cuestionar o condenar su accionar lo alentaban y lo propiciaban. De ahí que resultó en vano hablarles de la Constitución, de la absurdidad del “decreto” (que la abolía) y de que el “punto final y la obediencia debida” ya no tenían lugar en nuestros días. La justicia y la prensa que toda la vida machacaron con el asunto del “gatillo fácil” o los “apremios ilegales” para entorpecer el trabajo policial y humillar al policía, ahora avalaba y aplaudía la ilegítima conducta de la fuerza… pero contra la gente común.

Un embarbijado periodista diría, más tarde, respecto del secuestro del doctor Mariano Arriaga, “que el policía le respondió bien al decirle ‘no importa lo que crea, no importa lo que piensa’” para, seguidamente, afirmar que “nosotros dimos fe” del buen desempeño de las fuerzas en el Monumento, es decir, que solo llevaron detenidos a quienes los “agredía de forma deliberada”, algo que oscila entre la mentira total y la hijaputez más descabellada. El resto de los medios, al unísono, seguía insistiendo con que éramos “una marcha” de “negacionistas”, de “antivacunas”, de “anticuarentenas”, acaso una cofradía de terroristas a los que estaba bien odiarlos, detenerlos, humillarlos del modo que sea, sin importar que con ello se vulneren las tantas veces cacareadas garantías constitucionales.

Solo un canal de televisión registró, en una placa, que también había “periodistas detenidos”, cuando en realidad el único periodista demorado había sido yo. ¿Se piensan que alguien de algún medio “importante” me llamó alguna vez para que yo les brinde mi testimonio o mis motivaciones de ese día? A la velocidad de la luz se había viralizado ya un video mío que realicé dentro de la camioneta de la policía que nos transportaba a Jefatura, pero ningún periodista se comunicó conmigo ni siquiera mediante un mensaje de WhatsApp.

Por si fuera poco, también hubo un sacerdote que fue preso ese día, y que la misma Iglesia le envió un abogado al mismo lugar donde estábamos detenidos. ¿Acaso alguien sabe que la Iglesia haya emitido algún comunicado o una queja, aunque sea en Twitter, para repudiar semejante atropello, semejante locura? Igual cobardía institucional podemos endilgarle a la casta política toda que, habiendo sido ese día apresado -golpeado y torturado- el concejal de Las Breñas Juan Domingo Schahovskoy, ¡ningún partido, ninguna entidad gubernamental dijo absolutamente nada! Todos, absolutamente todos avalaron el accionar policial inconstitucional de aquel 25 de Mayo.

¿Qué decir de los médicos, entonces, de los “héroes” de la pandemia que, en lugar de servirse de estos hechos para repensar todo lo que estábamos viviendo… callaron odiosamente mientras sus colegas -que solo pedían ser escuchados- eran reprimidos como barrabravas? ¿Tan difícil es pedirle a un “profesional” médico que se dé a la tarea de conocer las razones de su colega médico? Iguales preguntas podríamos hacerle a la legión de abogados que inunda este país, ¿no?

Todos callaron… y todos disfrazaron la realidad del modo que les convino y les conviene. Periodistas, políticos, médicos… Todos hicieron lo propio para generar ese espurio consenso que llevó a los policías a cometer la locura de privar de la libertad a personas comunes, a médicos que solamente iban a dar una charla. Todos a favor de un decreto que contrariaba a la misma Constitución, todos de acuerdo con que el policía obedeciera a sus superiores como un autómata o un robot.

Meses después, cuando la borrachera “inyectadora” retiró el arma a aquellos policías santafesinos que no estaban inoculados, tuve la oportunidad de consultarle respecto de este nuevo atropello a un allegado de la fuerza. Me dijo: “Yo ya estoy vacunado, así que me chupa un huevo”. Hete aquí, pues, cómo se replica felizmente el círculo vicioso de “dos imbéciles y un primate” que ilustra y explica con lujo de detalles la realidad de lo que nos toca vivir y de por qué estamos como estamos.

Tapar el sol con un dedo

A casi tres años de comenzada la circense cuarentena y de dos de iniciadas las intempestivas inoculaciones, cada día está más claro que todo ha sido un completo engaño. Agotada ya la cuestión «covid» (porque ya prácticamente nadie puede creerse que un simple resfrío genere tanto estrago), ahora los medios empiezan a machacar con la «viruela del mono» como de la «hepatitis de origen desconocido», dos afecciones que no solo se dan en el marco de los muy variados efectos adversos de las inyecciones sino que, por si fuera poco, en los prospectos de las mismas están claramente advertidos.

Los médicos que, entonces, cuestionaron el supuesto origen vírico de la indemostrable pandemia y que, por tanto, pretendían advertir a la población respecto de inocularse con un experimento cuyo compuesto es un misterio hasta el día de hoy siguen siendo callados y hostigados por los medios masivos de comunicación. Podríamos, pues, ponderar la valentía de estos profesionales… pero, siendo justos, también deberíamos hacer lo propio con aquellos otros médicos que callan ante tamaña atrocidad, puesto que, insalvabablemente, serán los que tengan que rendir cuentas el día que haya que buscar a los responsables de este inobjetable genocidio. ¡Estos sí que son valientes!

Gracias a toda esta lucha, muchos ciudadados en todo el mundo hemos debido re-aprender muchas cosas. Si antes desconfiábamos de la vacuna del «covid», pues ahora desconfiamos de todas; si antes creíamos en los «virus», ahora también creemos en ellos, pero como un complemento de siempre de nuestra propia naturaleza humana. Si antes mirábamos a los doctores como seres superiores en los que depositábamos toda nuestra confianza, ahora los vemos como a semejantes… y nos damos a la tarea de buscar uno mejor cuando descubrimos que estamos ante otro empleadito de una farmacéutica. Si antes aceptábamos la noción del mundo que la televisión vomitaba, ahora hemos apagado el televisor y descubierto que la vida no es otra que lo que aprendemos con nuestros propios ojos.

De manera insoslayable, podemos dar cuenta de que somos los hacedores de una nueva gran nación de hermanos cuyos códigos y valores trascienden fronteras, distancias e idiomas. Si, acaso, alguien se ha sentido frustrado porque, a pesar de tanto esfuerzo, la gente sigue sin entender… pues que no se desanime porque ahora tiene una responsabilidad mayor aún: la de ser el sostén, donde sea que esté, de ese poderosísimo vínculo que él mismo ha generado con su amor a la libertad y su apego a la verdad.

Es que si fuimos ahí, no fuimos por nosotros solamente. Fuimos también por aquél que en cualquier lugar del mundo esperaba esa señal nuestra, y todos teníamos la obligación de darla. ¡Y vaya que la dimos! Los imbéciles y los primates que quisieron callarnos no hicieron más ayudarnos a amplificar ese grito sagrado que recorrió el mundo en cuestión de segundos, nos hicieron el favor de llegar al instante a nuestros hermanos de México, Estados Unidos, España, Italia…

Uno más uno es dos, acá y en la China… y lo cierto es que cuando alguien quiere callar a otra persona es por dos únicas razones: o porque está contando chistes en un velorio o porque eso mismo que se está contando tiene la capacidad de demostrar el crimen… que está cometiendo el criminal.


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Enfermera rompió el silencio: «Después de la vacuna, los enfermos se multiplicaron por cuatro»


Escribe: David Rey

David Priszuck, 56 años, camionero de Villa Constitución, se está fundiendo. No puede trabajar porque la trombocitopenia púrpura que padece tras haberse inoculado lo deja sin plaquetas, y sin plaquetas no puede subirse a un camión. Alondra Idoyaga, 23 años, de Río Tercero, paciente con epilepsia controlada… hasta que se puso el inóculo experimental. Si antes convulsionaba cada dos meses, ahora convulsiona todos los días. A ambos los representa el doctor Mariano Ludueña, abogado cordobés que ya presentó un instrumento público notarial y solicitó a la fiscal federal de Villa María que «corra vista al Gobierno Nacional para que se suspenda la inoculacion en todo el país», como contó a DAVIDREY.com.ar. Las causas “las tienen durmiendo mientras la gente se sigue muriendo por la vacuna”, confió a este medio.

Pero esto no quiere decir que vayan a estarse de brazos cruzados, claro que no. De ahí que lograron confeccionar un acta notarial –un elemento ciento por ciento oficial- que incorpora, nada menos, que el testimonio de una valiente enfermera que largó todo lo que vio y todo lo que tuvo que soportar durante estos dos años y pico de “pandemia”. Se llama Diana Patricia Faggionatto, tiene 45 y vive en Paraná, Entre Ríos; es enfermera profesional (MP: 23295) y se encuentra actualmente trabajando en el Hospital “San Martín” de la ciudad donde reside. La mujer vino a respaldar –bajo juramento- la denuncia por efectos adversos que lleva adelante el doctor Ludueña, pero el caso es que ha dicho mucho más de lo necesario.

“(…) ante mí, María Victoria Haidar, escribana autorizante titular del Registro Notarial N.º 148 de Paraná”, Faggionatto aseguró que, en rigor, “desde el comienzo de la campaña de vacunación Covid 19” hubo un incremento de las enfermedades y, “en especial, de trombocitopenia púrpura, convulsiones, y enfermedades autoinmunes”. La enfermera, además, detalló que de “marzo a diciembre de 2021 se incrementaron los ingresos por convulsiones sin causa aparente, también vi muchas hemorragias digestivas altas que se relacionan con trastornos de coagulación, también ACV, anemias severas, pacientes con diagnóstico covid positivo con dos dosis, que hicieron todas las complicaciones que dicho inóculo decía cubrir”.

Dr. Mariano Ludueña: «Tienen las causas dormidas mientras la gente sigue muriendo por la vacuna».

Además, Faggionatto dejó asentado que el aumento de afecciones a partir de las inoculaciones experimentales también comprende “problemas cardíacos en mujeres de edad entre 50 y 70 años, cuando las estadísticas siempre fueron al revés (siempre la incidencia fue mayor en hombres que en mujeres), pacientes oncológicos que estaban estabilizados y luego de la inoculación se descompensaron y fallecieron, se incrementó la incidencia en mujeres jóvenes de quistes de ovarios y útero, se incrementó el intento de autoeliminación (suicidio) en población joven de entre 15 y 40 años (…). Todo con un incremento de 5 casos por mes a 5 casos por semana, vale decir, se multiplicaron por cuatro todas las patologías”.

¡Esto no es todo!

Lejos de circunscribirse a los detalles requeridos, la enfermera aseguró -siempre según el instrumento público en cuestión- que observó que, durante la pretendida pandemia, “personas que fallecían por otras enfermedades se les ponía como motivo de fallecimiento covid 19”, tal como lo ilustró con el caso de un paciente cardíaco de larga data al que directamente no se le aplicó el tratamiento quirúrgico correspondiente. Ella misma confió haber reprendido al “médico residente” que confeccionó dicho certificado por estar haciendo “un delito grave”.

“También observé que muchos de los pacientes ingresados en la sala de aislamiento de clínica médica quedaban abandonados” mientras que los profesionales médicos responsables de su restablecimiento “solo los miraban por una ventanita, muchos de estos pacientes estaban en estado crítico (…) el trato deshumanizado que recibieron los pacientes colaboró a su deterioro ya que con la mayoría no tenían contacto y ni siquiera un teléfono donde comunicarse con sus familiares, muchos lloraban por desesperación y angustia por estar pasando por el abandono y soledad de su enfermedad”.

La enfermera, por si esto fuera poco, también hizo referencia a lo que respecta a sus colegas “vacunadas que, de estar completamente sanas, luego de unos meses, comenzaron con problemas de diabetes, o tiroides por hipotiroidismo, siendo evidente esto por su aumento de peso y tamaño”. Va de suyo que Faggionatto no dejó pasar la oportunidad para recalcar la parte más comprometedora de toda esta historia, es decir, que no vio jamás a médico alguno recetando con prescripción médica la experimental vacuna ni, mucho menos, formulando el debido consentimiento informado respecto del cual se anoticia a las personas sobre los efectos colaterales de la medicación o tratamiento a recibir. “La gente”, entonces, “se vacunaba sin tener conocimiento o información de lo que se estaba aplicando”.

Por último, la enfermera señaló que “muchos colegas fueron coaccionados por superiores diciéndoles que si no se inoculaban no les cubría la ART (Aseguradora de Riesgos de Trabajo) y, por esto, accedieron a la inoculación, pero jamás vi prescripción de vacuna para el COVID 19 alguna”.

«Es una innovación jurídica», dijo Ludueña a DAVIDREY.com.ar, «es la primera vez que se utiliza un testimonio como este ante escribano público, y que se hizo atento de que las causas están radicadas en Rosario y en Córdoba, y el testigo de que la vacuna está produciendo este efecto vive a 400 kilómetros de los tribunales».

David Priszuck y Alondra Idoyaga probablemente nunca se vieron en su vida y, más probable todavía, quizá no tengan nada en común. Uno se debe comer las eses para hablar y la otra debe tener ese cantito cordobés tan dulzón como insoportable. Pero ambos, en procura de una explicación (que la misma justicia dilata inexplicable o capciosamente) abrieron la caja de Pandora. Gracias a ellos, hoy la justicia no puede decir… que no sabe lo que pasaba, y tendrá otra razón para actuar en consecuencia.


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