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Rosario: las preguntas sobre las «vacunas» que el secretario de salud no quiso responder

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Clic en la imagen para ver entrevista:

Escribe: David Rey

Semanas atrás, Rosario «casi» que se convierte en la primera ciudad del país en que las autoridades sanitarias se dignen a responder las preguntas en torno al Covid y las «vacunas» que se hace todo el mundo. De hecho, en ya muchas ciudades del país se han congregado numerosos grupos de personas a fin de presentar en sus respectivas municipalidades un petitorio de alrededor de veinte preguntas que van desde indagar respecto del contenido de las substancias a lograr mayor certeza en torno al hecho de si el pretendido virus chino fue «aislado» y «secuenciado» según los protocolos clínicos en boga.

El psicólogo Alejandro Litmanovich me ha compartido una captura de pantalla de su teléfono móvil en donde desde la misma Secretaría de Salud Pública de la ciudad de Rosario le responden sobre el petitorio que, junto con un grupo de personas, entregó a las autoridades algunas semanas atrás: «Lo contactamos para comunicar que la reunión que usted solicitara refiriendo al Expte 20563/2021 se realizará el día lunes 4 de Octubre a las 10:30 en el Cemar [sic]» (Nota del redactor: Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias Rosario). En la misma captura se puede apreciar donde le indican que, por «protocolo», solo podrán asistir tres personas.

Pero ocurrió que el mismo día del ansiado diálogo, bien temprano a la mañana, se comunicaron con Litmanovich desde la susodicha secretaría aunque para informarle que la reunión había sido cancelada. Decepción total que, empero, no impidió que de todos modos algunas personas se allegaran, ya con ánimos de manifestarse, en San Luis y Moreno, a fin de lograr otra fecha para la reunión.

La misma ciudad en donde, el 25 de Mayo de 2021 y a los pies del Monumento Nacional a la Bandera, las autoridades reprimieron sin compasión y apresaron a una treintena de personas que sólo se congregó a escuchar un debate médico en torno al coronavirus, se perdió la oportunidad invalorable de limpiarse (un poco) de tamaña locura pasada y de tanta incompetencia actual.

Pero claro… para poner «pañales» fríos, en Rosario están los medios, justamente. Y, tal cual ocurrió el 25 de Mayo, otra vez fueron demonizadas aquellas personas que solamente quieren saber qué diablos hay dentro de las «vacunas» y si, efectivamente, es seguro inocular de modo indiscriminado a los niños. «Negacionistas» , «dementes antivacunas», «provocadores», «fanáticos» son apenas algunos de los hermosos anatemas con que los pasquines locales, otra vez, procuraron desautorizar a los manifestantes al mismo tiempo que limpiarle el trasero a sus auspiciantes.

Llegaron a escribir, por ejemplo, que el Secretario de Salud, Leonardo Caruana, dijo, desde el interior del Cemar, que «acá, sin barbijo, no entran». Lo curioso es que la reunión ya la había cancelado horas antes… cuando en la esquina de San Luis y Moreno -con barbijo o sin barbijo- no había absolutamente nadie. En otro orgásmico cambio de pañal, Rosario3 apuntó que «para Caruana la postura del grupo ‘anticovid’ es ofensivo [sic]», que «la foto más importante no es el microclima de estas 7 personas que se niegan a vacunarse sino las mas de 700 mil que decidieron hacerlo», que «el negacionismo (a los manifestantes) los lleva a descartar todo lo que están haciendo» (???) y, aceptando ya que cancelar la reunión estaba planeado y que no lo hicieron porque la gente no tenía barbijo, que «desde el Municipio no querían líos en la ciudad donde los líos se apilan a diario. Una movilización de médicos por la verdad [sic] exigiendo respuesta en el medio de una guerra sanitaria era al menos postergable«. (Nota en Rosario3)

La misma ciudad arrasada por el narcotráfico y que, sin embargo, declara «visitante distinguido» a un caco ultratatuado que dicen que canta, asegura que es «postergable» responder a las lógicas, sanas y hasta incluso inocentes inquietudes de la gente en torno a lo que está ocurriendo, y que involucra la salud e incluso la vida misma de los argentinos. Hay silencios que hablan más que las palabras y actitudes que insultan más que los insultos: si efectivamente fuéramos «negacionistas», ¿sería a ellos a quienes les lleváramos propiamente que en bandeja nuestras propias dudas, consultas, sugerencias? La realidad es que, no obstante, son ellos los que están negando la información insistentemente requerida ya sea tanto porque no la saben o porque están decididos a mantenerla oculta.

En ambos casos, queda más claro que nunca que no son gente para confiar, en absoluto. Y son justamente los que quieren «vacunar» a todo el mundo… incluso a tus propios hijos.

Recomiendo apreciar la entrevista al doctor Litmanovich en donde se detallan las principales preguntas del petitorio y donde, a falta de las respuestas de parte de la Secretaría de Salud en Rosario, debimos sacar nuestras propias conclusiones.


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«¡Devuélvanme mi libertad!», la carta de un militar detenido a los políticos


Escribe: Juan Armando Giovarruscio (***)

Presidente de la Cámara de Senadores:
Dra. Cristina Elizabeth Fernández

Presidente de la Cámara de Diputados:
Señora Cecilia Moreau

Bloque Oficialista de la Cámara de Senadores:
Señor Jose Mayans

Bloque Opositor de la Cámara de Senadores:
Dr. Luis Petcoff Naidenoff

Bloque Oficialista de la Cámara de Diputados:
Señor Germán Pedro Martínez

Bloque Opositor de la Cámara de Diputados:
Mario Raúl Negri – Cristian Ritondo

S______________________/_____________________D:

De mi consideración:

Señores representantes del Pueblo de la Nación;

¡DEVUELVAN MI LIBERTAD!

Sí, señores Senadores y Diputados del Honorables Congreso de la Nación Argentina. Devuelvan mi libertad y la de todos los que se encuentran “ilegítimamente” presos por haber luchado y derrotado la subversión marxista que, en la década del 70, atacó al estado argentino durante un gobierno constitucional.

¡Urgente! Deben “devolvernos la libertad” dado que nos la robaron con trampas y artimañas políticas con el fin de construir un poder que no tenían. La ciudadanía que los eligió en el 2003 mediante un voto disperso posibilitó que llegara al gobierno un siniestro personaje sin escrúpulos, cuya única virtud era “adorar cajas fuertes”.

Esta historia es muy conocida, no es necesario reiterarla. Sí es de suma importancia destacar por qué “exijo mi libertad y las de todos mis camaradas, ancianos ya, que se encuentran privados de la libertad junto a sus seres queridos. Seres que se ven sometidos al escarnio y prejuicio públicos por ser hijos de, nietos de, esposas de, madres de, sin merecerlo.

¿Por qué digo nos “robaron” la libertad? Porque para ello se valieron de triquiñuelas políticas anulando leyes constitucionales legítimamente sancionadas por el Congreso de la Nación. Logrado ese objetivo “inconstitucional” (el Congreso no anula leyes. Sí puede derogarlas, pero nunca con efecto retroactivo), mediante acciones cuasi mafiosas, “apretando a jueces y hasta la misma Corte Suprema de Justicia de la Nación, con amenazas de llevarlos a juicios políticos”. De esta forma, “derrumbaron de un plumazo, lo que a la humanidad le llevó años de análisis y estudios sobre la “irretroactividad”. Fenómeno que no permite que las nuevas normas tengan efecto hacia atrás en el tiempo. Soporte esencial de nuestra Carta Magna.

Así, la dirigencia política, urgida del reconocimiento de la ciudadanía (no olvidar que esta les había dicho “que se vayan todos”), atacó y no titubeó en llevarse por delante la Constitución Nacional y Tratados internacionales, haciendo de estos últimos caprichosas interpretaciones.

Logrados estos atropellos inventaron las siguientes mentiras que, luego, se transformaron en la columna vertebral de las acusaciones y condenas en todas las causas por los mal llamados “juicios de lesa humanidad”.

Mentira número uno: “Plan sistemático”. Señores, en Argentina no hubo “Plan Sistemático”. Sí un decreto presidencial que dio origen a un Plan de Operaciones. De dicho plan se desprendieron “Ordenes de Combate”.

Mentira número dos: “Aparato Represivo”. En Argentina no existió tal aparato. Sí existió y existen fuerzas armadas (Ejército, Marina y Fuerza Aérea), subordinadas a estas las fuerzas de seguridad (policías, gendarmería, prefectura, etc.).

Mentira tres: Secuestros. Las FF. AA. en operaciones no cometieron secuestros. Sí “capturaron” y “pusieron fuera de combate” a combatientes y colaboradores de “fuerzas enemigas adiestradas y entrenadas en las artes de la guerra de guerrillas. Enviadas por potencias extranjeras para atacar el sistema de vida republicano y federal de la patria con el objetivo, declarado, de reemplazarlo por uno de modalidad totalitaria.

Vale aclarar que el término «secuestro”, en las causas de “lesa”, se utiliza para dar vuelta el significado de “captura/detención”. Procedimientos legales al momento de los hechos que hayan sido estos abiertos o encubiertos por razones de guerra.

Es decir, los cuadros medios e inferiores de las FF. AA. y FF. SS. COMBATIERON dentro de las normas y procedimientos establecidos en los reglamentos de combate y de guerra de guerrilla redactados y aprobados por leyes constitucionales. Se debe destacar que dicha modalidad de combate fue propuesta por el asesino agresor. Se trató de un enemigo “traicionero” al que no le interesaban sus semejantes, fueran niños, ancianos, padres o madres.

Cuarta mentira/distorsión: “Crímenes de Lesa Humanidad y Genocidio”. En Argentina no se han cometido crímenes de tal categoría. Para ilustrase solo necesitan leer el Estatuto de Roma y su implementación en Argentina.

Lo contrario corre por cuenta de los traficantes de la mentira que buscan desinformar al ciudadano común y al desprevenido trabajador.

Estas mentiras, meticulosamente estudiadas y “compradas” luego por la ciudadanía, les permitió “esconder” el verdadero objetivo del ataque terrorista al sistema constitucional de la República Argentina.

Vemos entonces cómo se le quebró el “alma” al derecho” y, a partir de ello, la aplicación “retroactiva de la ley” para los mal llamado juicios de “lesa” se naturalizó. Hoy una mayoría de dirigentes montan sus campañas sobre “la falta de justicia en argentina”, sin percibir que el punta pie inicial a tal quebrantamiento se lo dieron cuando se decidió violar el artículo 18 de la CN y así someternos a circenses juicios.

Todas las acciones de aquella guerra pudieron y, pueden, ser investigadas y sancionadas con las leyes vigente al momento de los hechos. Especialmente con el Código de justicia Militar (aquel, contemplaba la pena de muerte), por lo que no se puede pensar que era benévolo.

Pretender hoy, cuarenta años después, solucionar un conflicto interno armado con el Código Penal para tiempos de paz, es de una imperdonable miopía intelectual de la dirigencia. Con el agravante de permitir al enemigo derrotado en el terreno de las armas volver a atacar la paz ciudadana mediante nuevas máscaras contempladas en el marco de las guerras “asimétricas de nueva generación”.

Como vemos, queda claro, aquella política de “ocasión” se convirtió en un rotundo fracaso. Su único y perverso resultado es encarcelar ilegítimamente a cuadros subalternos que no tuvieron el “poder y tampoco la decisión política del momento”.

Por ello hoy no se logra ni verdad ni justicia y sí se esconde y se justifica la agresión asesina del terrorismo marxista.

Por eso pido: “DEVUELVAN MI LIBERTAD”. ¿Qué esperan para interrumpir la cadena de homicidios cometidos bajo el disfraz de “lesa humanidad”? A la fecha son 766 los muertos en cautiverio. Su mayoría, sin condena (inocentes).

El inventario en materia de fracasos de políticas implementadas durante los últimos veinte años es voluminoso. Cabe la pregunta: ¿Por qué enjuiciar a los cuadros subalternos combatientes del terrorismo es la única exitosa?

Señores, no se trata de piedad, benevolencia o lástima. La solución está plasmada en nuestra Ley fundamental.

Se llama “AMNISTÍA”. Por algo está contemplada en nuestra CN. Justamente para resolver enfrentamientos dolorosos con la finalidad de que no se vuelvan a reiterar.

Es necesario corregir las aberraciones jurídicas cometidas en el 2003 al sancionar leyes ex post facto y aplicarlas retroactivamente.

Ha llegado el momento de debatir públicamente este tema sin miedo. Es tiempo de corregir un fatal error político que abrió la puerta a la violación de la Constitución Nacional.

Hace poco tiempo, el periodista y abogado Jose Claudio Escribano, (#) refiriéndose a la actuación del periodismo en la década del 70, se expresó sobre el mismo al decir:  “… si dentro de 25 años no se expresara algo equivalente que la prensa argentina no se ha ocupado todavía o, en su momento, no se ocupó, de los temas que a los cuales estaba llamando la discriminación establecida en el siglo XXI, entre la suerte de los que mataron en el nombre y los sueños de la patria socialista y aquellos que incursionaron en el terrorismo de estado, (*), para acabar con la subversión que también actuaba con metodología terrorista”.

No hay dudas señores. Este proceso de “revancha”, so pretexto de hacer justicia, debe pararse. No se puede corregir un error con otro mayor. Persistir en esta equivocación, es reconocer que no aprendimos nada de la trágica década del 70.

¿El lugar?  Congreso de la Nación. ¿Los actores?, ustedes. ¿Tema?: ¡¡¡AMNISTIA, NO ES IMPUNIDAD!!!

Cordialmente.

(***) Preso Político Argentino
10 AÑOS PRIVADO DE LA LIBERTAD

(#) Periodista, abogado y ex subdirector del Diario La Nacion y miembro de su directorio.

(*) Expresión “terrorismo de estado”. No existió terrorismo de estado. Si se ejecutaron acciones de “combate” que “aniquilaron” al enemigo señalado por el poder político constitucional.

Programa Odisea en Argentina, conducido por Carlos Pagni. Día 28 de noviembre de 2022.


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Esa estúpida manía de pedirle la escupidera al enemigo


Escribe: David Rey

Otra vez sopa. Recontra viralizada una carta de lectores del diario La Nación donde la hija de un Preso Político exhibe lo de siempre. Recontra viralizado… claro que solo dentro de nuestro mísero y apocado microclima. La mujer, resumidamente, expone la forma con que se fue corrompiendo el sistema judicial argentino al punto de llegar al desastre que es hoy, algo que debería ser primera plana y ahí lo tenés, consignado en una carta de lectores. Esta vez, incluso, La Nación ni siquiera se ha tomado el trabajo de corregir el escrito, poner esa coma que hace falta, estilizarlo, etc. Ni siquiera lo han leído. Pero todos, contentos, pasando por WhatsApp el recorte del artículo en cuestión. ¡Misión cumplida! ¡Para que tengan! Todos satisfechos por ese cuadradito minúsculo e insignificante que el diario más importante del país “nos da” para que no digamos que no nos dan nada.

Hace poco, el periodista Pagni (justamente, empleado de La Nación) entrevistó muy brevemente -a las apuradas- a un abogado en su programa de televisión del mismo multimedio. El doctor logró, en esos “cinco minutitos de gloria”, exponer de modo magistral la problemática de los militares detenidos en el marco de los llamados juicios de lesa humanidad. Que llevan más de diez años con prisión preventiva, que por la edad deberían estar detenidos en sus casas, que no se cumplen con ellos las garantías constitucionales, en fin, todo el rollo. Apurado, Pagni redondeó como si la cosa se tratara de un bache más en la ciudad de Buenos Aires. Y -hete aquí la cuestión- inmediatamente presentó el siguiente bloque de su programa, en el cual iban a ofrecer un resumen promocional de la película “Argentina – 1985”, es decir, esa nueva bazofia cinematográfica que recrea la enfermiza entelequia de los años 70, donde un día los militares se despertaron maldormidos y decidieron salir a cazar jóvenes inocentes cuyo máximo pecado era hacer globitos con los chicles.

Como siempre (repito, como siempre), “nos dan” una a favor… y nos tiran con cien en contra. Por cada vez que la drogadicta y emputecida prensa argentina menciona algo parecido a “militar detenido injustamente”, les garantizo que hay 30 “genocidas”, 20 “jóvenes idealistas”, 30 “plan sistemático” y 20 “robo de bebés”. Y no sé si no me estoy quedando corto. La entrevista de Pagni al abogado aquí mencionado es, sin lugar a dudas, una verdadera falta de respeto, un insulto imposible de disfrazar y una burla tan pero tan descarada que solamente Borges o Chesterton podrían acertar a circunscribirla en una descripción. Es como si yo entrevisto -a las apuradas- a una persona que me habla a favor de las dos vidas y, apurado, lo corto para poner una propaganda a favor del aborto. ¿Se entiende…? ¿Acaso es preciso algún otro ejemplo más elemental todavía…? ¿O también necesitan que el mismo Pagni les cuente la manera en que se ríe y se ríen de nosotros?

¿Pero somos tan estúpidos que no nos damos cuenta de la manera en que nos usan? ¿Tanto nos han vencido que ni siquiera somos capaces de advertir que nos forrean absolutamente todo el tiempo? ¿Necesitamos que algo nos golpee la cabeza y que acomode un poco nuestro entendimiento para darnos cuenta de que, por cada migaja que “nos dan”, nos tiran con cien baldes de mierda? ¡Lo hacen en vivo y en directo, y en nuestra propia cara!

20 años, por lo menos, hace que padecemos la mentira, la difamación, la indiferencia, la hipocresía y el abuso de los medios masivos de comunicación, es decir, de los diarios y de los programas más “importantes” de Argentina. En fin, me pregunto… ¿qué parte no hemos entendido de que, en rigor de verdad, ELLOS SON EL ENEMIGO? ¿Hasta cuándo vamos a seguir con esta estúpida costumbre de pedirle la escupidera al enemigo? ¿Qué hemos logrado bajándonos los pantalones constantemente en sus espacios?

Por favor, que alguien me diga aunque sea un solo logro… Que alguien me diga: “Mirá, Lanata habló con fulano… y parece que ahora los jueces se pusieron las pilas con el tema de las preventivas de más de 10 años”. Pero, ¿saben qué? A Lanata no solo que le chupa un huevo el tema de las preventivas, sino que todos estos cocainómanos televisivos están a favor de que se viole la Constitución para que los viejos sigan pudriéndose como sapos aplastados. Ellos son capaces hasta de tumbar un gobierno, por ejemplo, el de De la Rúa. Estas lacras repugnantes fueron las que promocionaron sin excepción todos los escraches que sufrió el comisario Etchecolatz cada vez que le daban la domiciliaria que le correspondía por infinitas razones, y estas lacras repugnantes nunca dijeron nada respecto de la vez que, en una de esas promocionadas convocatorias, le hicieron perder un ojo, de un piedrazo, a la esposa del imputado.

¿Y todavía seguimos, como grandes estúpidos, pidiéndoles la escupidera por esos cinco minutitos de “gloria” que solamente sirven para confundir más a la gente? ¿Qué puede pensar alguien que ve cómo Pagni prácticamente echa al abogado que “defiende genocidas” para, seguidamente, mostrarnos el tráiler de la bazofia de “Argentina – 1985”? ¿Qué puede pensar una persona que lee a una “loca” en una “carta de lectores” (no revisada, no corregida, no leída) disparando cosas como que en Argentina está todo al revés en materia de justicia? Repito, en una carta de lectores… que no en primera plana, como bien lo ameritan las cuestiones planteadas.

En fin, yo sé que solo ha de entenderme el 1 % de los que hayan leído hasta acá. El resto va a pensar -no sin razón- que soy el mismo pobre diablo de siempre. Que soy un periodista de segunda y que, por colmo, soy rosarino… una ciudad de segunda. A ese 99 % soy el primero en darles la razón en todo, y les aconsejo que sigan babeándose por esos periodistas de primera y por esos medios de primera, los mismos que se les ríen en la cara todo el tiempo, los mismos que los forrean en vivo y en directo y que ni siquiera les corrigen las cartas que les mandan.

Al otro 1 % (los que me entienden) les digo que no nos dejemos embaucar más por esta recua asexuada de mentirosos. De nada han servido todos estos años de rogar por un minutito y un cuadradito donde carajo sea; siempre los usaron en contra nuestro. Repito, nos dan una a favor y nos tiran 100 en contra. En la época de la información, de internet y de las redes sociales… NO PRECISAMOS DE ELLOS EN ABSOLUTO. No se merecen nuestro respeto ni se merecen nuestra más mínima consideración. Callaron, callan y seguirán callando los peores atropellos que ha registrado y ha de registrar la historia argentina. Ellos no tienen nada para darnos ni, mucho menos, son parte de ninguna solución; en cambio, sí tienen mucho para seguir robando porque son, franca e indisimulablemente, el mismo enemigo que nos lleva a estar como estamos. Ellos piensan: “al enemigo, ni agua”. ¿A qué vamos a pedirles la escupidera?

He dicho.

(Nota: No he dado nombres ni mayores precisiones en este escrito, sacrificando su calidad periodística, a fin de no comprometer a nadie con las expresiones aquí vertidas. De ningún modo quiero generar la misma bronca con la yo que me veo obligado a vivir ante la expectación de los absurdos «corrientes». Todo el mundo es libre de hacer y pensar lo que quiera. Y yo también).


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EE. UU.: soldados ya no están obligados a vacunarse contra el COVID


Escribe: David Rey

“Estoy encantada de informar que el mandato militar de la vacuna COVID finalmente TERMINÓ gracias al arduo trabajo de los conservadores del Congreso”. Con estas palabras, la representante republicana por el estado de Illinois, Mary Miller, anunció el martes 10 de enero de 2023 que los soldados estadounidenses ya no serán obligados a inocularse. El hecho tuvo lugar 17 meses después de que el presidente Joe Biden ordenara que los 1,3 millones de miembros activos de las fuerzas armadas fueran vacunados “por completo” y de que más de 7 mil hayan sido dados de baja por negarse a hacerlo.

Por su parte, el representante Thomas Massie de Kentucky enfatizó que “una de las peores decisiones políticas que afectan la preparación militar finalmente ha terminado”, más allá de que el secretario de Defensa Lloyd Austin igual alentó a los miembros del servicio a que “aún se vacunen y recuperen”. No obstante, sobre lo que aún no se ha pronunciado ni un bando ni el otro es qué pasará con los soldados que vieron truncadas sus carreras militares por negarse a ser inoculados, más allá de que algunos discutan su reincorporación y el pago de los haberes atrasados.

Mary Miller, representante de Illinois.

Según información del Departamento de Defensa precisados por Reuters, 3717 infantes de marina, 1816 soldados del ejército y 2064 marineros fueron desligados de sus respectivas fuerzas por la negativa a recibir la inyección experimental. Austin culpó de esta resistencia “a la información errónea sobre las vacunas” y ponderó que “el Departamento hizo que la vacunación contra el COVID-19 sea lo más fácil y conveniente posible, lo que ha dado como resultado que se administren vacunas a más de dos millones de miembros del Servicio y el 96 por cierto de la fuerza, activa y de reserva, esté completamente vacunada”.

Sin embargo, el jefe de Defensa aseguró estar «exigido», tras la promulgación del nuevo presupuesto norteamericano de ese ministerio, a ordenar que los departamentos militares actualicen «los registros de dichas personas para eliminar cualquier acción adversa asociada únicamente con la denegación de dichas solicitudes, incluidas las cartas de amonestación». Vale destacar que, entonces, aquellos que se negaron a vacunarse fueron amenazados con la pérdida del salario, entre otras medidas “disciplinarias”.

Secretario de Defensa Lloyd Austin.

Si bien todavía se depende de la decisión de los comandantes militares respecto de desplegar tropas no inoculadas, esto podría entenderse como una simple formalidad discursiva en el sentido de que, a raíz de la exigencia vacunal, se ha tornado preocupante “la mayor crisis de reclutamiento en décadas”, esto sin mencionar las “tasas de inflamación cardíaca (miocarditis) más elevadas de lo esperado” según diversos reportes que dan cuenta del nivel de efectos adversos posinoculación en los miembros de las fuerzas.

Si bien tanto el presidente Biden como los demócratas en general se opusieron hasta último momento, finalmente “cedieron entre bastidores”, según CNN, al reclamo de los conservadores, de modo que la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés) de 2023 echa por tierra lo dispuesto el 24 de agosto de 2021, cuando se estableció que todos los soldados estadounidenses debían estar inoculados contra el COVID. La Cámara aprobó la NDAA con 350 votos a favor y 80 en contra.

Fuentes:
https://www.dailymail.co.uk/news/article-11621479/Pentagon-Biden-COVID-vaccine-mandate-military.html;
https://edition.cnn.com/2023/01/10/politics/military-covid-vaccine-rescinded/index.html;
https://www.foxnews.com/politics/pentagon-ditches-covid-vaccine-mandate-troops;
https://www.judicialwatch.org/vaccine-veterans-crt/;

https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/vacuna-covid-19-militares-eeuu-presentan-tasas-miocarditis-altas-esperado_98992_102.html.


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De Brasil con amor: la rebelión que todos los globalistas quieren callar


Escribe: David Rey

Al unísono se han elevado, desde las más diversas latitudes ideológicas, ardientes voces que condenan los hechos que tuvieron lugar en Brasilia, donde incontables millares de personas salieron a la calle para manifestarse contra el recién iniciado gobierno del presidente Luis Ignacio Lula Da Silva, es decir, contra este pernicioso retroceso que acaba de experimentar el país más importante de América latina. La palabra “democracia”, entonces, hoy más “sagrada” que nunca, se pronuncia infaltable en todo discurso, todo señalamiento, toda lamentación. Incluso el mismo papa Francisco la dijo, pues todo el mundo está tan “preocupado” por este “asalto” que acaba de sufrir el “orden democrático”.

Y todos, sin excepción, apuntan contra el mismo villano, el malo de la película: Jair Bolsonaro, el expresidente de Brasil, aquel que incluso tiene la maléfica capacidad de ser el organizador de todo este revuelo sin siquiera pronunciar una sola palabra. Pucha, qué tipo tan perverso, el ultraconservador, el “genocida” (tal cual lo llamó su sucesor), el fascista inconmovible. Todos, pero absolutamente todos (periodistas, opinólogos, políticos, manosantas) aprovechan esos magros minutitos de “vigencia” para anotarse con un titular, un tuit, una foto. Todos tienen algo para “lamentar” respecto de la rebelión en Brasilia. Mas nadie, pero absolutamente nadie, se ha tomado el elemental trabajo de pensar si acaso esos millares de personas no son acaso también el pueblo, el pueblo de Brasil… y, en consecuencia, preguntarse algo tan sumamente elemental que hiere incluso el amor propio realizarse esta pregunta: ¿y por qué se ha juntado toda esa gente?

Si América latina y, por extensión el mundo occidental, tenía alguna esperanza… esa esperanza no era otra que Brasil, el Brasil del presidente Bolsonaro, el Brasil que producía empleo, el que trataba de acomodarse tras las pasadas tormentas, el que supo dejar atrás el flagelo del anterior gobierno de Lula y el mismo que rajó de una patada a la impresentable de Dilma. El Brasil que se animó a transitar alternativamente al socialismo del siglo XXI, a “su” mismo Foro de San Pablo; el que le dio la espalda a Venezuela, aunque sin por esto dejar de ser el máximo receptor de venezolanos que lograron huir de la barbaridad. Pero ese Brasil con el mayor superávit del continente y que empezaba a sacarse las cadenas de encima (al menos, el único país que no iba para atrás en materia económica), era también un país que ya presentaba la capacidad de ser sí mismo, independiente, propio, de los brasileños. Y ahí está el problema. No es una buena idea una nación libre en épocas de creciente cercenamiento de libertades.

Los mismos que hoy claman por este “atentado” contra la “madre democracia”, acaso nada dijeron respecto de que todas las urnas no auditadas -respecto de las que sí fueron auditadas- ofrecieron curiosamente una victoria significativamente superior a Lula en las últimas elecciones presidenciales. Resulta, pues, que la misma gente de una provincia, de una ciudad o de un pueblo… votó tajantemente diferente según la urna. Aquellas urnas que tenían un software de 2020 en adelante, decían -por ejemplo- que la gente votaba más o menos parejo; aquellas otras anteriores a 2020 (y que no fueron auditadas), dijeron que los votos eran -grosso modo- 70 % para Lula, 30 % para Bolsonaro. Es decir… como si la mayoría de los que iban a votar contra Bolsonaro hubiera tenido la posibilidad de elegir la urna en la cual votar. Brasil, el futuro de Brasil… fue obscenamente robado en las últimas elecciones. ¡Nunca nada más impúdico en la historia! Y los que hoy se hacen lenguas con la “democracia”, entonces, no dijeron nada. Y ahora nos quieren enseñar de democracia a nosotros.

Claro que todo terminó siendo una grosera emboscada para los brasileros, pues claro que siempre hay inadaptados que ocasionarán desmanes, ¿cómo controlar que dentro de ese millón de personas que se movilizó en Brasil sean todos monjas carmelitas? Todo hicieron para ser oídos por su Ejército, y más… miles de brasileños se han sacrificado para que el Ejército los oiga, que los vea, ¡que entienda que ESE ES EL PUEBLO, y que actúe! El brasileño no quiere resignar lo poco que ha logrado estos años, los brasileños no se juntaron a manifestarse por Bolsonaro sino por sus propios hijos, a los que quieren legarle un país mejor que Venezuela, Chile, Perú o Argentina… o, al menos, poder contarles que hicieron todo lo que se podía. Y el Ejército, hijo y deudor de ese pueblo, no escuchó. No tuvo el valor que al pueblo le sobró.

¿Quién es el pueblo en Brasil, entonces? ¿Esa casta política hedionda que incluso desde hace décadas es incapaz de mejorar la marca del país más grande y poderoso de América latina? No han sido capaces de hacer del país con la segunda represa hidroeléctrica más grande del mundo algo que logre borrar aquella figuración mental de un mono pelando una banana, una nación en la misma tesitura cultural y social que cualquier país africano. El único país de América latina que, gracias a su industria y sus trabajadores, no precisa mendigarle favores traicioneros a China, el país con las más poderosas fuerzas armadas y la mayor cantidad de submarinos, hoy le mendiga un título de médico a la Argentina cada vez que manda a uno de los suyos a estudiar gratis a Rosario.

El único país de América latina que no habla español, francés o inglés… pero, ¿quién habla portugués? ¿A quién le importa saber la lengua de estos “retrasados culturales” de los que solamente sabemos que patean bien la pelota? Eso es lo que la “democrática” casta política nunca se dio a la tarea de hacer: dejar que Brasil sea lo que verdaderamente es: la potencia que guía. Pudiendo ser una suerte de Estados Unidos del Sur, son la cuna del Foro de San Pablo. Un país de 215 millones de habitantes y casi tan grande como toda Europa, que podría ser el norte industrial de toda América… es apenas ponderado por sus playas y mencionado por sus favelas. Eso logró la democracia que hoy reivindican los hipócritas de siempre: un monstruo hermético, dormido, que no molesta a nadie.

Pero… ¿acaso el pueblo de Brasil no será esa gente desesperada que, sin armas (por ahora), pero con mucho corazón, ganó las calles para hacerse oír? ¿Acaso el pueblo de Brasil no es aquel que no solamente se aúna para celebrar un campeonato de fútbol? ¿No será ese mismo gentío que se agolpó en la llamada “casa del pueblo” el dueño de esa casa, para decir “acá mandamos nosotros, el pueblo de Brasil”? Aquellos que la prensa de todo el mundo señala como a “bolsonaristas”, como a “fanáticos”, ¿acaso no será que en realidad no son bolsonaristas sino brasileños haciendo lo que tienen que hacer, es decir, defender su país, su libertad y su futuro? ¿Podría el comunismo haberse instalado por más de 70 años en Cuba con un pueblo así, como el de Brasil? ¿Puede ciertamente ser ignorada esta posibilidad? ¿O no será que, en realidad, los medios están ignorando adrede esta misma realidad? ¿No será que Brasil, el pueblo de Brasil, está más allá de Lula y Bolsonaro, es decir, por fuera de esa grieta imaginaria con la que sueñan los que todo quieren dominar? ¿No será que Brasil, el pueblo brasileño, amenaza todo lo establecido con este intento de saltearse las obscenas pautas del globalismo?

Los mismos medios (y políticos) que prácticamente aplaudían cuando las hordas izquierdistas prendían fuego Santiago de Chile, ahora son los que se golpean el pecho por “el asalto” a la democracia en Brasil. En Chile los terroristas prendieron fuego media ciudad, generaron daños económicos de una magnitud incalculable, aterrorizaron a todo un país y, mientras la prensa aplaudía, pusieron al frente un presidente con retraso mental. En Brasil los terroristas enquistados en la justicia aprobaron el fraude, se quedaron con el superávit económico del gobierno de Bolsonaro, intentaron callar a todo un país y, mientras la prensa aplaudía, pusieron al frente a un presidente condenado por corrupción que ni siquiera podría explicar -sin faltarle a la verdad- por qué le falta un dedo meñique… o por qué se lo arrancaron.

Si la hipocresía fuera un mar, hace tiempo que, gracias a nuestra prensa y a nuestros políticos, América latina estaría doscientos metros debajo del nivel de los océanos. Pero parece que no todo es tan así porque, a pesar del robo de las últimas elecciones, todavía seguimos contando con Brasil, el país que desde siempre quieren contener, callar, domar, adormecer, figurarlo cual “divertido país carioca, con cocos y negros con trencitas”, con pegadizas canciones de verano y abocado a la producción de medulares telenovelas que miran las viejas pueblerinas al mismo tiempo que tejen el septuagésimo quinto pulóver en lo que va del año. Brasil es más que eso, mucho más que eso, y lo está haciendo saber. El pueblo de Brasil, mal que le pese a la escoria acomodaticia de la televisión, es más que eso, mucho más que eso… Y se lo está haciendo saber.

No sabemos cómo va a terminar esta historia. Los medios cuentan la mitad de las cosas. Se dice que es mucho más complejo de lo que se muestra, que el brasileño no se rinde por nada en el mundo y que sigue dando pelea. Que hay una guerra civil, que todos están hartos y no quieren volver al socialismo del siglo XXI, que hay brasileños que prefieren morir a rendirse, que este verano no es la mejor idea ir de vacaciones a Camboriú. Que todo va para peor, que todo va para mejor. No se sabe nada. En la época de la información, la información está enclaustrada tras densos algoritmos. No sabemos qué pasa, Brasil siempre ha estado dentro de una hermética burbuja, la que le pusieron encima.

Pero sí sabemos algo, y lo sabemos gracias a nuestro sentido común, el mismo que nos lleva a descreer de nuestros infames políticos y a tomar por falso todo lo que irradie desde los medios masivos de comunicación: esa gente que se juntó en Brasilia, no son los terroristas que incendiaron Santiago. Son los padres y las madres de familia que hacen lo que hay que hacer cuando la voz del pueblo es pasada por arriba; son los trabajadores que salieron a mansalva a defender lo que ganaron con el sudor de su frente y el combustible de su esperanza; son los brasileños convencidos de lo inmenso que son y que nada les podrá poner un grillete encima. ¡Son brasileños, no argentinos!

La buena noticia es que si Lula -tras el robo en las elecciones- puede sostenerse como presidente, tendrá que gobernar para ellos, los que quieren un futuro para sus hijos. Otra buena noticia es que América latina hoy cuenta con un ejemplo imponderable, el que más quisieran disimular pero el mejor para salir adelante: Brasil, el pueblo que tomó las calles por su libertad.

¡Gracias, Brasil! ¡Viva Brasil! ¡Gracias!


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Gonzalo Miño aclara que seguirá defendiendo militares: «No se abandona al camarada en el campo de batalla”


Escribe: Dr. Gonzalo Pablo Miño (*) (**)

No me gusta ser «auto-referencial». Me desagrada y me resulta muy vanidoso, pero a raíz de una serie de enredos y desenredos producidos en la semana, me veo en la obligación de hacerlo, en forma excepcional.

En efecto, en la semana se difundió una nota que me hiciera el genial y joven periodista David Rey, en la cual, como siempre denuncio las groseras irregularidades que se cometen en los denominados juicios de lesa humanidad, siendo que esta vez también realice algunas reflexiones acerca de los 17 años que llevo en la defensa de militares, policías y civiles. 

Ese comentario despertó la sagacidad del brillante periodista, quien utilizó esta reflexión como título de la nota “Un abogado quiere dejar la defensa de los militares…” a fin de que sirviera como disparador para que lean la nota completa, ya que acertadamente previó que un título más corriente llevaría al lector a pensar que se trata de una nota más sobre estos juicios y no tendría más repercusión de la habitual.

Para quien quiera leer la entrevista completa, lo puede hacer en https://davidrey.com.ar/un-abogado-quiere-dejar-la-defensa-de-los-militares-por-las-irregularidades-en-los-juicios-de-lesa-se-violaron-todos-los-derechos-habidos-y-por-haber/.

Para mi sorpresa y la del periodista, muchos de quienes vieron la nota sólo se quedaron con el título y jamás vieron todo el contenido de la entrevista. Se quedaron encandilados por la palabra Renuncia y omitieron lo fundamental de la nota, la palabra Denuncia. Tejieron todo tipo de elucubraciones, muy alejadas de la realidad y hasta algunos hasta vertieron desagradables comentarios sobre mi persona.

¡Que el árbol no nos tape el bosque!

Como dije, vengo ejerciendo con total entrega y responsabilidad la defensa de uniformados de todas las Fuerzas y civiles desde hace 17 años. Trabajé y trabajo con casi 12 o 13 juicios orales. Y desde el año 2008 ejerzo la presidencia de la UP-Delegación Rosario, la primera delegación de la UP que se creó en el interior del país.

No provengo de la familia militar o policial, tampoco tengo un pariente en ninguna Fuerza. Ni siquiera pude hacer el Servicio Militar Obligatorio (me tocó un número bajo).

Esta ardua e incansable actividad me ha llevado a una férrea responsabilidad con cada militar, policía o civil y sus familias que confían en mí para que los represente en causas judiciales. Y, más aún, con otros integrantes de las distintas Fuerzas y/o civiles a quienes no asisto legalmente pero, ante sus pedidos, los he asesorado, guiado y aconsejado.

Nunca estuvo en mis planes renuncia alguna, más que algún aislado descargo consecuencia de la bronca y la impotencia.

Desgraciadamente muy pocos han podido descifrar el verdadero contendido de mi reflexión en la aludida entrevista, cuál es que el verdadero motivo del hastío, que no es otro que la soledad en que uno enfrenta estas causas y que no es otro que la indiferencia y displicencia que muchos, principalmente uniformados, demuestran por su camarada detenido. Los hay quienes «se la juegan y mucho», y es por esa razón que aún sigo en pie, pero lamentablemente son los menos, la excepción.

Una vez, en una cena, comentando todo esto y narrando lo que uno debe pasar en los juicios orales (amenazas, insultos, escupitajos, intentos de agresión, entre muchas cosas) y pidiendo que los compañeros de los detenidos también los acompañen en ese trance, un militar retirado me espetó con voz de mando: “Es su trabajo”, a lo cual le respondí: “Justamente, para mí es un trabajo, pero para Ud. es una obligación”. Nunca más volvimos a charlar del tema.

Evidentemente, en algo nos hemos equivocado o algo hemos hecho mal pues, a pesar de nuestro esfuerzo dialéctico demostrado en el campo de las acciones, no hemos logrado que el «camarada», sea de la Fuerza que sea, abarrote las salas de los tribunales del país demostrado el acompañamiento del imputado. O, aún más, colmando las salas de un penal visitando al detenido, poblando una plaza, manifestando su apoyo a los que están siendo mal juzgados y aún particionado de las distintas actividades que algunas ONG e Instituciones desarrollan.

A veces pienso y me pregunto, si alguno de nosotros «cae» por el motivo que sea, ¿quién -además de los pocos que lo hacen- alzará estas banderas? La verdad, el silencio es escalofriante.

Muchos retirados me suelen reflexionar con pesadumbre: “…qué podemos hacer…”, a lo cual siempre les respondo: “tantas cosas, tomemos un café y le cuento”. Para mi decepción, ese café nunca llega…

En fin, no quiero cansarlos con mi rutinaria diatriba. La finalidad de esta columna es solo aclarar que no está ni jamás estuvo en mis planes dejar ninguna defensa penal ni abandonar el combate jurídico contra esas abominaciones llamadas causas de lesa humanidad. Como se dije, aunque muy pocos lo han hecho carne y su estilo de vida, “jamás se abandona al camarada en el campo de batalla”.

Por último, pido perdón por mi idealismo, pero aún sigo creyendo que la llamada «familia militar y policial» quizás alguna día se unirá y estará firme junto al camarada detenido, pero NO desde la «bronca digital», haciendo catarsis a través de mensajes interminables y repetitivos, solucionando los mil problemas a través del teclado y totalmente alejados de participar y actuar con acciones claras y concretas; en otras palabras, simplemente dar la cara.

Solo espero que respeten mi utopía aunque no la compartan y no terminen con la hoy conocida frase: “Qué decís, bobo. Andá’ pa’llá…!”.

(*) Abogado defensor de militares, policías y civiles – Presidente UP-Delegación Rosario;
(**) Título original: «Que el árbol no tape el bosque».


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Un abogado quiere dejar la defensa de los militares por las irregularidades en los juicios de lesa: «Se violaron todos los derechos habidos y por haber»


Escribe: David Rey

Al doctor Gonzalo Pablo Miño ya le pesan los años, pero no porque se las ande con achaques. Le pesa todo el tiempo de injusticias que debió enfrentar en la soledad propia del que se lanza contra molinos de viento. No es para menos, si apenas con 36 vueltas al sol se involucró en la temática de “los militares”. Dijo a DAVIDREY.com.ar: “Es el cansancio propio de 17 años de lucha y no ver un final. Empecé en el año 2005 con la defensa del General Díaz Bessone. Tengo más que 14 juicios orales sobre el lomo”.

Miño es abogado de militares, policías y civiles que son o han sido alguna vez imputados en el marco de los llamados juicios de lesa humanidad, ese “invento de la justicia de nuestro país en donde eternamente se enjuicia” a cualquiera que haya tenido la más mínima relación con la guerra civil de los años 70 y “donde las garantías constitucionales no existen”. Y es, pues, la historia sin fin: “Como ya están muertos los que integraban las cúpulas militares, ahora avanzan con los que eras tenientes, subtenientes, cabos, sargentos y soldados”, según señaló a este medio.

Lo que para cualquier abogado sería un caudal interminable de posibilidades laborales, para Miño es una pesadilla diaria. A sus 53 años, el fanático newellista puede felicitarse a sí mismo tanto por Messi y Scaloni como por haber asumido la profesión de las leyes no por un afán economicista sino por un genuino instinto de justicia, realmente una excepción a la regla -al menos en este país. Pero llega cierto momento en que hasta el mejor del mundo necesita un descanso después de tanto gambetear molinos.

Marino González

Miño estalló el 19 de diciembre de 2022 cuando a uno de sus defendidos le retiraron la prisión domiciliaria… porque sí, ¡y sin haberle avisado al propio abogado! Es común que por estas épocas las hordas “derechohumanistas” se procuren algún orgasmo por el estilo. Miño lo explicó con claridad: “Marino González, defendido mío, a quien se le había dado la detención domiciliaria en 2018 en función de que presentó un cuadro de cáncer en dos oportunidades, obviamente que gracias a estar en su casa pudo recuperarse de forma paulatina. Pudo recibir el tratamiento que no iba a tener en (el Penal de) Campo de Mayo. El tribunal, sin embargo, entendió que como se estaba recuperando -y sin pensar en que puede ocurrir un resurgimiento de la enfermedad si no continúa con su tratamiento-, decidió revocarle la domiciliaria y mandarlo a la cárcel”.

El teniente coronel Marino González (causa Guerrieri) tiene 76 años y hace desde 2014 que está preso por la barbaridad de haber vestido el uniforme del Ejército Argentino cuando los guerrilleros se proponían tumbar al general Perón, instaurar una dictadura comunista y pasar a degüello “a un millón de burgueses”, tal cual lo anunció nada menos que Roberto Santucho, entonces jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). “La mayor barbaridad de mi defendido”, indicó su abogado, “como del 99.9 % de los que están en prisión, es el solo hecho de haber prestado funciones durante esa época, en este caso en particular en el Destacamento de Inteligencia con el grado de capitán al momento de los supuestos hechos. No hay una prueba, no hay un testigo, no hay nada. Por haber sido capitán, por eso solo lo condenaron”.

“Yo, que soy el abogado de él, me entero de que le revocan la domiciliaria… cuando ya lo están llevando preso”, confió Miño, y precisó: “Anteriormente, me había metido, por las dudas, a ver el expediente y el mismo estaba sin movimiento. Mi mismo cliente me llamó para decirme que tenía a la Gendarmería en la puerta y que lo estaban por llevar a Campo de Mayo. En ese momento, reviso el expediente otra vez… ¡y no había nada! La resolución no estaba. Me tendrían que haber notificado, a mí me corren los plazos para que yo recurra. Lo que hicieron es una brutalidad. Violaron todos los derechos habidos y por haber”.

Lógico es que, pues, tras este nuevo destrato por parte de la Justicia argentina, Miño haya esbozado a sus amigos que ya estaba cansado de todo este circo sin fin. “Estoy destruido”, dijo, entonces. “Estamos peleando contra molinos de viento. Estoy en duda de seguir con estas causas… ya se sabe el final y seguirán así por muchos años más”.

Dr. Gonzalo Pablo Miño (Rosario, ARG).

Peor que a un narco

“Un narcotraficante que va preso tiene más derechos que los militares detenidos”, ponderó en DAVIDREY.com.ar. “Por ejemplo, lo más grosero que sucedió en Rosario, cuando se juzgó la causa de Los Monos, donde se los sindicó como a un grupo organizado para la venta de drogas y a un sinfín de delitos, se los condenó solo a 12 años de prisión; en los juicios de lesa, por la sola suposición de haber tenido privado ilegítimamente a un terrorista, les dan 22 años. Ningún juez tiene en Rosario las agallas y los pantalones bien puestos para condenar narcos. Es mucho más fácil, placentero y beneficioso económicamente condenar a un pobre viejo de ochenta años que enfrentar a un tipo líder de una banda narcotraficante”.

¡Todo mentira!

Miño, a pesar de los 17 años de lucha, todavía no logra morigerar su asombro ante las barbaridades que le tocó ver durante todo este tiempo, por ejemplo, las “capacidades penitenciarias” que supuestamente podrían contener las específicas cualidades de detenidos octogenarios. Y dice: “El tribunal se basa en un mamarracho o una aberración hecha por la Secretaría de Derechos Humanos -la que se presenta como un órgano independiente al mismo tiempo que es querellante en las causas- donde, en treinta hojas con fotitos tecnicolor y panorámicas nos demuestran que la Unidad Penitenciaria de Campo de Mayo y la Unidad Penitenciaria de Ezeiza son una especie de hoteles 7 estrellas, mezcla de Fleni y Fundación Favaloro. Nos cuentan, alegremente, que el preso tiene shockroom y ambulancia las 24 horas, que tienen de todo y que están fantástico. ¡Todo mentira! Uno lee el cuadernillo ese… ¡y me dan ganas de ir a mí ahí! Me quedo quince días y la paso bomba. Es un spa”.

Pero tiene algo más: “En el año 2016 fui al Hospital Penitenciario de Ezeiza y me muestran el famoso lugar donde supuestamente tenían montada una sala de altísima complejidad en la que podía atenderse cualquier emergencia. Uno entraba… y realmente veía unos aparatos espectaculares. Realmente pensé que estaba en un hospital de los Estados Unidos. ¡Te lo juro, lo vi yo…! ¡Era un decorado! Lo podías levantar y todo, parecía de telgopor. Y ellos venían, le sacaban fotos para los jueces… ¡Y era un decorado! Ese es el cuadernillo con que los jueces dicen que en Campo de Mayo los presos están bárbaro”.

“Es obvio que la persona que está en prisión domiciliaria va a estar mejor porque se está recuperando de todo lo hecho miércoles que estuvo en una unidad penitenciaria. Están en la casa, van a la clínica, se atienden, les hacen los estudios. No se puede usar el argumento canallesco de como ahora el preso está bien, que vuela a la cárcel. ¿Entendés mi bronca? ¿De por qué digo que me quiero ir?”.

Finalmente, el doctor Miño, para tranquilidad de sus clientes, confió a DAVIDREY.com.ar que, a pesar de sus dichos eventuales respecto del hastío que siente, seguirá la lucha tal cual lo viene haciendo. Y claro… Cansar, nos cansamos todos. Pero los valientes, no abandonan jamás.

Ver entrevista al doctor Gonzalo Pablo Miño:


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¡Despierten, uruguayos! 115% de aumento de mortalidad en niños y 47% en adolescentes


Escribe: David Rey

Cuando le escribí a Fernando Vega Torrens para solidarizarme porque el seleccionado de fútbol de Uruguay había quedado afuera del Mundial de Catar, no demoró en responderme con toda acidez: «Es lo mejor que nos podía pasar, un tema menos de distracción». No es para menos, si consideramos el permanente estado de «sedación» en que está inmersa la sociedad de ese país ante una realidad que le está produciendo más bajas que si hubieran ido solos a la guerra contra todo el mundo.

Al 90 % de incremento de muertes por afecciones cardíacas en menos de dos años -tal como ya se informó en DAVIDREY.com.ar-, ahora se le suma algo más preocupante todavía. Según publicó el sitio web Ciudad Malvín, solo en el lapso de tiempo que comprende los años de 2020 a 2022, la mortalidad de niños de entre 6 y 9 años registró un sorprendente aumento del 115 %, mientras que en jóvenes de entre 15 y 19 años este incremento se dio en un 47 %. La información se sustrae nada menos que del Ministerio de Salud Pública a pedido del portal Ciudad Malvín, la Revista Extramuros, Libertad Sanitaria Uruguay y el colectivo No + Mentiras. Claro que la cosa no está para embobarse con el fútbol.

Según detalló el medio montevideado, el año 2021 fue -por ahora- el que más decesos registró en toda la historia uruguaya, con 41168 muertes por todas causas. Respecto de los niños, Ciudad Malvín apuntó que «en el 2020, año donde hubo menos fallecidos totales, nos encontramos con 13 niños fallecidos entre los 6 y 9 años considerando el período enero-agosto. En el 2021 hubo 11 fallecidos y 28 en este año. Dicho de otra manera: si comparamos el 2022 con el año 2020, Uruguay presenta un aumento del 115 % de muertes en niños de 6 a 9 años. ¡Pero si lo comparamos con el 2021, la cifra se eleva a un 154 %!».

Respecto de los adolescentes, se precisó que «en el período enero-agosto del 2020 fallecieron 91 adolescentes, 58 en el 2021 y 134 en este 2022. Si comparamos las cifras de este año con las del 2020, el incremento de muertes alcanza al 47 %. Pero si cotejamos el 2022 con el año anterior, el aumento es sideral: 131 %».

Al momento de indagar la causa de este sorprendente incremento, naturalmente surge la necesidad de preguntarnos si acaso existe alguna relación con la inoculación masiva e indiscriminada contra el supuesto Sars-Cov 2, la cual -como en casi todo el mundo- tuvo su puesta en marcha a partir del año 2021. «Entre los 6 y 9 años hubo un total de 199 fallecidos por toda causa entre enero y agosto de este año. 80 de ellos no estaban vacunados y 119 sí lo estaban. Un 40 % de los fallecidos no tenían ninguna dosis contra el covid mientras que un 60 % al menos tenía una», precisó Ciudad Malvín para, en otra parte, redondear: «Por lo tanto, las vacunas tampoco podrían explicar el incremento, aunque no se puedan descartar como hipótesis, ya que es una nueva variable que se introdujo en nuestro país».

No obstante, si bien las muertes en la franja etaria adolescente pueden guardar relación con causas como suicidios, accidentes y homicidios, no estaría de más preguntarnos qué factor pudo haber incidido en el comportamiento de los jóvenes para que los números se vean engrosados de manera tan significativa. No olvidemos que las restricciones en Uruguay a raíz de la presunta pandemia fueron francamente demoledoras para la economía del país… y solo por 70 «casos» de Covid.

Ver entrevista con clic en la imagen (Material censurado en YouTube).

No + Mentiras

Fernando Vega es un empresario de 54 años que tiene a su cargo la empresa más importante del mundo: el futuro de sus tres hijos, es decir, el Uruguay que él les va a dejar. Por eso es que, cada mañana, cuando se mira al espejo, se felicita por todo lo que está dispuesto a hacer. Integra la Asamblea Nacional Disidente, pero su única aspiración política es -paradójicamente- que no lo voten a él.

«Si a mí me metés en el sistema donde estamos ahora, no me voten», dijo a DAVIDREY.com.ar. «Los voy a terminar jodiendo. Con este sistema actual, es prácticamente imposible no terminar siendo un delicuente». Él mismo se definió como un «activista SOCIAL de NO+MENTIRAS intentando hacer respetar los derechos individuales de las personas».

Fernando no cree que «haya tanta gente que sea mala. Pero sí pienso que hay mucha gente que lamentablemente no ha tomado conciencia, se ha despojado del sentido común». Y va directo al hueso: «En Uruguay somos tres millones y medio de directores técnicos. Jamás nos vamos a poner de acuerdo en algo. Por eso es que me llamó la atención cuando todos estaban de acuerdo con las restricciones». Aquí el entrevistado recordó que el diputado César Vega pidió al oficialismo que investigue por qué Uruguay registraba un 40 % de incremento de la mortalidad. Como no le dieron bolilla, fue a pedirle a la oposición que firmara su petición. Tampoco le dieron bolilla.

«La Asamblea Nacional Disidente pretende que los uruguayos dejemos de gastar energías en putear, para que comencemos a invertirla en HACER. A nosotros nos quedaba comodísimo votar, olvidarnos y responsabilizar a los políticos. No lo podemos hacer más porque los políticos nos soltaron a los intereses de las élites mundiales. Tenemos que tomar el toro por las guampas y empezar a decidir por nosotros mismos», señaló. «Estamos viendo una vulneración flagrante a los derechos de las personas. Nos estamos dando cuenta de que los funcionarios que pagamos para que nos cuiden, justamente están haciendo todo lo contrario».

Vega, sobre las vacunas del Covid, no habla de efectos adversos sino de «efectos directos», Él dice que «hablar de efectos adversos es seguirles el cuento». Y se acuerda de cuando, tiempo atrás, hubiera pensado que la lucha del grupo Libertad Sanitaria contra la vacunación de calendario le hubiera parecido algo propio de dementes. «Hoy pienso que, en realidad, se quedaron cortos».

Consultado sobre qué originó en la ciudadanía la información aportada por el Ministerio Público de Salud (90 % de incremento de muertes por infartos; 115 % de aumento de la mortalidad infantil), a Fernando se le terminó el patriotismo: «No reaccionan, los uruguayos no reaccionan. Es triste, pero es lo que te tengo que decir».

Pero él también es uruguayo, y sí que reaccionó, ¡y cómo! «Hasta que no se demuestre lo contrario, la vacunación es 100 % responsable del incremento de las muertes en Uruguay», dijo… sin imaginar, quizá, que acababa de pegar el más bravo grito de guerra que no pueden desoír los sordos, ni esquivar los tontos, ni mucho menos ignorar los poderosos. En fin, los uruguayos ya saben bien esto de dejar un legado en pos de los pueblos libres. Son hijos directos de Artigas. De tal palo, tal astilla.


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«Es innegable el aumento de las muertes en la nueva era de los inóculos»


Escribe: David Rey

El doctor Leonardo González Bayona ya sabe lo que es estar al borde del colapso, y no tanto por haberlo estudiado como por haber sido, en su eterna mocedad, un deportista de alto rendimiento. En rigor, integró la Selección Argentina de Natación, participó en el Sudamericano de Medellín de 1988, en el Sudamericano de Rosario de 1990 y, en 2011, compitió en la categoría Máster. Él lo cuenta sin engreimiento: “Bajé varios récords argentinos, gané 5 oros panamericanos y quedé ranqueado Nº 7 en el mundo a mis 47 años, con marcas que superarían a muchos chicos de veinte años, siempre haciendo entrenamientos rigurosos. Yo sé lo que es que se te salga el corazón por la boca. De deporte entiendo, tengo un posgrado en medicina deportiva”.

De este modo, Bayona descartó una de las tantas “mentiras” que se han dicho para justificar el inocultable incremento de muertes y desplomes en, justamente, deportistas de elite. Es que si fuera por la “exigencia” actual en el deporte, según precisaron varios especialistas, “yo tendría que estar recontra-muerto”, dijo. Y remarcó: “Existen algunas predisposiciones en deportistas para la muerte súbita, pero es muy específico. Por lo general, un deportista -que entrena y hace actividad física regular- tiene menos riesgo de enfermar y morir”.

No es lo que parece cuando nos enteramos de la abrumadora cantidad de atletas que se mueren, caen desmayados o que inexplicablemente anuncian su retiro nada menos que en el cénit de sus carreras. A no ser, claro, que haya una cuestión “en común” que, más allá del deporte, englobe a toda esta gente. Lo bueno de hablar con el doctor Bayona es que no se las anda con vueltas: «Si una persona recibió un medicamento o un inóculo, más aún cuando es experimental, y sufre un infarto masivo a la semana… no es posible descartarlo como un causal», dijo, en un tramo de la entrevista que concedió a DAVIDREY.com.ar

«Hay una relación entre los pinchazos y las muertes súbitas que debiera ser estudiada, pero llama la atención esta intencionalidad de ocultar y de disfrazar lo que ocurre. Claro que estoy convencido de esto (de que las “vacunas” contra el Sars-Cov 2 causan los desplomes), pero ellos están llegando a la ridícula hipótesis de que es el cambio climático el causante de los infartos», dijo, y tiene razón, si es lo que afirmó, nada menos, el Ministerio de Salud de Israel. Por su parte, hace unos días, Bayona revolucionó las redes con algo demoledor: en menos de seis meses, dos futbolistas de Atlético de Tucumán (Argentina) fallecieron de “repentinitis”. Fabricio Navarro (21) y Andrés Balanta (22) murieron por lo mismo con meses de diferencia, algo que sería insólito para cualquier caminante en el mundo menos para los medios masivos de comunicación, que ni siquiera se preguntan “qué está pasando”.

Leonardo tiene la explicación, tanto como médico como deportista: «A todo deportista de elite o de alto rendimiento se le realiza todos los años una ergometría graduada de máximo esfuerzo, con registro electrocardiográfico de doce derivaciones. También se le hace un ecocardiograma para ver cómo es la estructura del corazón. No existirían tantas muertes súbitas si a la gente se la chequeara. Hay gente que nunca va al médico, y quizás tienen una miocardiopatía hipertrófica y muere de un infarto durante el ejercicio. Esto es la causa de muerte número uno en deportistas menores de 35 años, pero no la enfermedad cardiovascular. Me están hablando de infartos en chicos que no tienen factores de riesgo y que si tuvieran hipertensión no estarían jugando en primera, además de todos los estudios que ya se les realizó para que pudieran jugar. No puede ser que, si tenían una miocardiopatía hipertrófica, no haya sido detectada antes».

Unirse al Canal de Telegram de González Bayona con clic en la imagen.

Para el médico y nadador profesional “el aumento de las muertes es inocultable, más allá de que oculten o disfracen la información. Han convertido la ciencia en religión, en algo donde no se puede debatir cuando la ciencia es debate. Los llamados científicos han sido los ‘encargados’ de meterle miedo a la gente, de infundir terror, de desinformar. Las sociedades científicas están manejadas por inescrupulosos”.

Pues bien… como ocurre siempre, no sirve ir del médico si luego uno no hace lo que el médico te dice que hagas. De modo que de nada valdría copiar aquí la interminable lista de deportistas fallecidos (que ya dio vueltas por todos lados) si no aplicamos la lente del sentido común para observar qué demonios es lo que ocurre. Y lo que pasa allá, en el mundo de los conocidos, es lo mismo que pasa acá, solo que allá es un poco más embarazoso disfrazarlo. No vale la pena gastarse en densas explicaciones o estadísticas… cuando quien escucha está decidido a no querer escuchar, ya sea porque le conviene, ya sea por cobardía, ya sea por innata condición de tonto.

El caso es que uno, al médico, va para que lo cure. Y algunos médicos, como el doctor Leonardo González Bayona, sí que tienen la cura para esa dolencia desinformativa que tanto nos aqueja. La buena noticia es que, esta vez, no nos prohibió las hamburguesas ni la cerveza:

«A la gente hay que decirle que apague la televisión, nos siguen tomando el pelo. Hay que decirles basta», dijo.


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