Tres gigantes de Occidente que hicieron posible la caída del Muro de Berlín

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Escribe: Eneas Biglione (*)

Treinta y dos años han pasado ya desde la caída del Muro de Berlín, hecho que tuvo lugar el 9 de noviembre de 1989, fecha declarada por los Estados Unidos de América como día mundial de la libertad. Resulta de gran importancia para las nuevas generaciones repasar la historia de cómo y por qué se construyó el muro, y el rol clave de tres grandes líderes occidentales en su caída.

Al finalizar la segunda guerra mundial, Alemania fue dividida en 4 zonas. Cada zona quedó bajo el control de uno de los países aliados: los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética. El lado que quedó bajo el control de la Unión Soviética, se convertiría en Alemania del este: la comunista.

Los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia ocuparon el oeste de Alemania durante una década. Pero los soviéticos ocuparon el este de Alemania durante cuatro décadas entre 1949 y 1989.

El Muro de Berlín, de unos 140 kilómetros de longitud, comenzó a ser construido el 13 de agosto de 1961 por orden de Nikita Kurshchev y fue bautizado por los propagandistas soviéticos como el “muro antifascista”. No se trataba tan sólo de una pared como muchos lo imaginan, sino de dos muros, uno interior y uno exterior de unos 3 metros de altura cada uno que en el medio tenían torres de vigilancia, fosas anti-vehículos, sistema de alarma sonora, vigas de obstáculo antitanque, vallas electrificadas, perros entrenados para matar, y personal policial armado.

Fue construido en un tiempo récord de dos semanas con el objetivo de evitar que la gente se siguiera escapando desde Alemania del este hacia la prosperidad y la libertad de Alemania del oeste. Se estima que antes de su construcción (entre 1949 y 1961) lograron huir unos 3 millones de alemanes, de un total de 17 millones que quedaron del lado oriental.

Derribar el “muro de la vergüenza” fue el fruto del esfuerzo de innumerables personas alrededor del mundo, pero puede afirmarse que hubo tres líderes occidentales, que con su valiente accionar cambiaron el rumbo de la historia, enfrentándose al totalitarismo comunista, la violación sistemática de los derechos humanos, y los salvajes crímenes cometidos en el nombre de la planificación central. Y lograron derribar el muro sin disparar una sola bala, consolidando así el liderazgo de Occidente, un liderazgo sobre todo, moral.

Aquí les presento a los tres líderes que cambiaron el curso de la historia del mundo:

* El entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, republicano, que aportó la confianza en la excepcionalidad de su país como república federalista, con una economía de mercado y un sólido estado de derecho.

* La entonces primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, conservadora, que aportó su afán de mejora constante, superación personal y respeto por la libertad individual.

* Y el entonces sumo pontífice de la Iglesia Católica desde el Vaticano, su Santidad Juan Pablo II, que habiendo nacido en Polonia y pese a haber sido víctima, primero de la ocupación nazi y luego de la ocupación soviética, denunció públicamente las atrocidades cometidas y aportó un inspirador mensaje de esperanza, valentía y amor al mundo: “no tengáis miedo”.

Los tres esfuerzos combinados, lograron derrotar la desesperanza y la sensación de impotencia que corría por aquellos años. Antes de ellos, Occidente ya se estaba empezando a convencer de la superioridad militar y hasta quizás moral de los soviéticos. Y ante semejante escenario lo más lógico hubiera sido rendirse, pero hicieron todo lo contrario y prevalecieron.

La caída del Muro de Berlín no estaba prevista. Fue para muchos una sorpresa.

Las tres grandes figuras en mención, alcanzaron posiciones de poder e influencia casi simultáneamente y decidieron poner manos a la obra para que la Guerra Fría, que enfrentaba a la libertad con la tiranía, a la verdad con la mentira, al bien con el mal, terminara con un resultado victorioso de la libertad por sobre sus enemigos. Juan Pablo II fue elegido obispo de Roma en octubre de 1978, Margaret Thatcher fue elegida primera ministra en mayo de 1979 y Ronald Reagan fue elegido presidente en noviembre de 1980.

No casualmente, los tres fueron víctimas de atentados terroristas a los que sobrevivieron.

A Reagan el 30 de marzo de 1981 le dispararon con un rifle en Washington DC, cuando regresaba escoltado a su limusina luego de dictar una conferencia. Uno de los seis disparos ingresó por debajo de su brazo izquierdo, rompiéndole una costilla y perforándole un pulmón a 25 milímetros del corazón.

A Thatcher el 12 de octubre de 1984, el grupo terrorista IRA de Irlanda le colocó una bomba en el Hotel Grand Brighton durante la convención conservadora de ese año con el objetivo de eliminarla junto a todo su gabinete. Los resultados de la explosión fueron enormes daños en la estructura del edificio, cinco muertos y treinta y cuatro heridos de gravedad. Thatcher salió ilesa junto a su marido y ninguno de los ministros del gabinete perdió la vida. De hecho fue un episodio que demostró al mundo la templanza, la determinación y la tenacidad de la famosa Dama de Hierro.

A Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981 intentaron asesinarlo por primera vez mientras saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro. El turco Mehmet Ali Ağca le disparó con un arma de fuego a poca distancia, hiriendo su mano, su brazo y su abdomen. El terrorista fue perdonado públicamente por el sumo pontífice en persona, pero de ahí en más se implementó que se trasladara siempre en un vehículo blindado, al que la prensa eventualmente bautizó como el papamóvil. Su salud jamás volvió a ser la misma y se le sumó con el tiempo el mal de Parkinson, pero nada logró impedir que el Papa continuara viajando y llevando su mensaje de paz y libertad por el mundo. El 13 de mayo de 1982, fue víctima de un segundo intento de asesinato en Fátima (Portugal) a manos del sacerdote español Juan María Fernández Krohn, quien intentó ensartarlo con una bayoneta, hecho que no trascendió públicamente hasta después del fallecimiento del pontífice en el año 2005.

Reagan, respaldado por Thatcher, se involucró en la Iniciativa de Defensa Estratégica popularmente conocida como la “Guerra de las Galaxias”. En relación a esto, cabe recordar que analistas supuestamente destacados de la época, aseguraban que Reagan y Thatcher conducían al mundo hacia un holocausto nuclear. Pero se equivocaron, dado que dicha iniciativa es la que acabaría por quebrar a una Unión Soviética que no podía ocultar por más tiempo su ruina económica. Por su parte, el Papa Juan Pablo II el 2 de octubre de 1979 denunciaba oficialmente ante la ONU la condición de ciudadanos de segunda categoría que se imponía en la Unión Soviética a los creyentes.

La presión, la inspiración y la valentía de estas tres figuras, logró prevalecer por encima de todo.

Estos tres gigantes de Occidente llevaron adelante la titánica tarea de lograr que se tomara en serio la universalidad de la dignidad de la vida humana, haciendo de la libertad personal el centro de la vida social, dentro y fuera de sus países y de su iglesia. Fueron sus habilidades de liderazgo y su confianza en la capacidad transformadora del anhelo de libertad que habita en cada individuo, las claves de un cambio de alcance global: la liberación de las mentes y los corazones dentro y fuera de sus países. A nuestro fustigado Occidente de hoy, personas así, le están haciendo verdadera falta.

(*) Eneas Biglione es Presidente, fundador y Chairman de la Junta Directiva del Thomas Jefferson Institute for the Americas de los Estados Unidos.

El presente artículo fue publicado en El Bastión de Colombia.


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