Vicente Massot y las razones de ERP y Montoneros

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Es escritor y director del diario «Nueva Provincia» presentó su último libro «El cielo por asalto».


CapturaPor Agustina McWhite

El día 10 de septiembre a las 19:20, en la Cámara de Comercio de la ciudad de Córdoba, sonaron las estrofas del Himno Nacional argentino. Luego de que se entonara con furor y respeto por los presentes, el profesor, escritor, politólogo y Director del diario “Nueva Provincia” de Bahía Blanca, Vicente Massot, ya estaba sentado esperando comenzar con la presentación de su nuevo libro «El cielo por asalto. ERP, Montoneros y las razones de la lucha armada».

El escritor inició la presentación con el agradecimiento a ADIR (Asociación para la Defensa de las Instituciones de la República) y a los presentes tras alegar  que es por su «crianza» y educación que debe hacerlo.

El título, «El cielo por asalto», corresponde a una frase de Carlos Marx, en la  que se refiere al intento de los heroicos revolucionarios franceses «que intentaron tomar el cielo por asalto».

A continuación, el resumen de la presentación que realizó el laureado escritor.

Massot  llegó a dos conclusiones “provisorias” para entender las razones por las cuales ambos grupos decidieron actuar.

Foto 2La primera razón es que «no tenían otro camino». Si el objetivo de todos ellos era llegar a lo que se conoce como «Estación Finlandia», si con lo que soñaban era con una experiencia de carácter comunista o imponer el socialismo revolucionario, no tenían otra alternativa que tomar las armas.

El Espejismo cubano y la naturaleza de la guerra 

Montoneros, ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) se miraron en un espejo que nada tenía en común con la social democracia o cualquier tipo de socialismo que aceptase los presupuestos de la democracia liberal o del estado de derecho. Se miraron y quisieron encontrar en el reflejo del mismo la figura del “Che” Guevara, de Lennin, o de Mao – Tse Tung. Además, idealizaron la ilusión de un Perón «en clave revolucionaria».

La segunda razón es que no entendieron, en última instancia, la naturaleza de la guerra que iban a pelear. Si hubieran entendido lo que decía el filósofo y militar prusiano Clausewitzs – «Para hacer la guerra primero hay que entender la naturaleza de la guerra» – quizás su táctica se hubiera desenvuelto por carriles distintos. Pero al querer imitar el «espejismo cubano» y al no saber cuál era la guerra que ellos mismos declararon, de alguna manera… estaba prenunciado el final.

Explicó que el «Espejismo cubano» sucedió en Cuba con la propaganda que se gestó a partir de la derrota del Sargento Fulgencio Batista en 1958.  Sin embargo, hay un dato fundamental que pasó desapercibido: el ejército de Batista se rindió sin pelear. Al ignorarse ese antecedente se obró un verdadero cataclismo en todas las izquierdas revolucionarias que creyeron que se podía imitar la revolución cubana a lo largo y ancho de América Latina. Massot se refiere claramente en este sentido diciendo que «todos quisieron copiar un experimento que no era la norma, sino la excepción. Si era la excepción, entonces, no se podía sobre la misma establecer una norma porque es una contradicción». Por lo tanto, al desconocerse por qué cayó Batista, la propaganda gestada en Cuba tuvo un éxito magnífico.

Cuba sí, en el resto de América Latina, no

Vicente Massot nombró dos aspectos fundamentales por los cuales en Cuba se pudo instalar el Comunismo y por qué aquí, en Argentina, o en el resto de América Latina, no se podría. Las circunstancias que favorecieron a dicho país fueron:

A)  El apoyo indisimulado de dos de los principales Medios de Comunicación de Estados Unidos (New York Times y CBS) a la insurrección castrista, que conmocionaron a los estadounidenses y al Establishment liberal que pasó a apoyar a Fidel Castro;

B) El apoyo resaltado de una parte del departamento de Estado para trabar embargo sobre las armas que EE.UU se comprometió a darle al Sargento Batista para llevar a cabo la revolución en 1958.

La innovación de Guevara y Castro

Guevara y Castro nunca quisieron esperar a actuar como así quería Moscú. Por eso, el “Che” se refirió a esta cuestión como el «Esperismo Revolucionario«, alegando que «nos condenan a esperar siglos hasta tanto se desenvuelvan las etapas dialécticas que nos permitan llegar al socialismo. Lo que nosotros hemos demostrado es que hay atajos, que se puede adelantar la historia». Además, enroló a varios al parlotear que «la revolución está a la vuelta de la esquina, si seguimos esperando no la vamos a ver», proponiendo de esta manera una lucha armada.

Otra de las artimañas que utilizaron los dos revolucionarios fue «La distinción entre convicciones objetivas y subjetivas para la revolución«. Todas las izquierdas revolucionarias coincidieron que habían datos objetivos para la lucha armada: la desigualdad, la pobreza, la miseria, etc. Y los subjetivos que si no estaba en las masas, el foco revolucionario se las podían dar.

En realidad, Montoneros y ERP son tributarios de la idea del «foquismo»:

A. La revolución nace en las sierras;

B. Una guerrilla irregular puede dar cuenta de un ejército irregular;

C. Se puede acaudillar a las masas.

Foto Agus

La confusión con Perón y la manipulación del mismo

El ERP siempre creyó que el peronismo era la última reserva del nacionalismo burgués, por lo tanto nunca se fundó la idea de que Perón fuera un revolucionario. Al contrario, Montoneros – que era un grupo mayor numéricamente -, sostuvo que Perón podía ser el Mao Tse – Tung o el Castro argentino.  Sin embargo no fueron especulaciones de Montoneros únicamente, ya que el mismo Perón jugó un papel fundamental al respecto: hizo que creyesen que era un líder socialista: habló de la “juventud maravillosa”, justificó el asesinato del Gral. Aramburu y, para no ahuyentar a la cúpula castrense, se cansó de mentar un socialismo con la picardía de calificarlo como «nacional».

Montoneros nunca se dio cuenta que cuando el Gral. lo definía decía que «el socialismo es de la tercera posición» (y la “tercera posición” nace de la Europa de entre guerras, aclaró Massot). Por lo tanto, otro de los errores fue el haber confundido a Perón con un líder socialista revolucionario.

La subestimación del Ejército Argentino y su mala interpretación

La subestimación de todas las facciones de la izquierda revolucionaria hacia las Fuerzas Armadas. Al suponer que 400 guerrilleros en una lucha abierta hubieran sido capaces de vencer un ejército de casi 50 mil hombres, fundamentando de esta manera la teoría del foquismo que tanto Fidel y Guevara empuñaron.

ERP y Montoneros tomaron al “Che” Guevara como un «gurú», un líder. Asimismo pensaron que una fuerza guerrillera debidamente organizada y dispuesta  podía vencer a un ejército regular -como habían hecho en Cuba-  También se encargaron de mentar que las fuerzas armadas de América Latina eran pretorianas y dependientes del imperialismo estadounidense.

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