Transcripción:
Esto ocurría en los años 70.
25 de marzo del 74, tenemos dos policías bonaerenses asesinados por terroristas en distintos episodios. Era el pan nuestro de cada día. Mataban porque se les daba la gana.
25 de marzo, año 77, tras un intento de detención en Capital Federal se resiste con un arma de fuego y resulta abatido el terrorista Rodolfo Walsh. El autor de “Operación Masacre” inicialmente fue un periodista y escritor que resultó captado por el terrorismo en 1959 durante un viaje a Cuba, donde funda la agencia cubana de noticias “Prensa Latina” y oficia como Jefe de Servicios Especiales en el Departamento de Informaciones. De vuelta a la Argentina se integraría en las Fuerzas Armadas Peronistas para, finalmente, adscribir a Montoneros nada menos que con el grado de “oficial segundo” en el “Departamento de Informaciones e Inteligencia” de la misma banda terrorista.
Entre las innumerables acciones guerrilleras, se le atribuye a Walsh la máxima responsabilidad en la voladura de la Superintendencia de la Policía Federal el 2 de julio de 1976, el cual dejó un saldo de 23 fallecidos y una treintena de heridos. Se trató del atentado terrorista más grande de toda la guerra de los años 70. Tal era el fanatismo y la degeneración en los que incurría este criminal que llegó incluso a celebrar el fallecimiento de su hija Victoria, extremista como él, y que murió tras suicidarse en un enfrentamiento en septiembre del 76.
Y un 26 de marzo del 76 (dos días después del cambio de gobierno), Montoneros no se achica y asesina, este mismo día, a un sargento ayudante en Banfield, a un cabo de la policía bonaerense en Avellaneda y a dos suboficiales del Ejército en la zona oeste de Capital Federal.
Finalmente, un 27 de marzo, del 73, las Fuerzas Armadas Revolucionarias asaltan una clínica en Capital Federal y roban, entre tantas cosas, un equipo de rayos X. De esta manera los terroristas se armaban sus propios hospitales o postas sanitarias.
Con todo esto, podemos notar la pérfida influencia que el castrismo ejerció en la descomposición de las personas. No fue solamente lavarles la cabeza sino, además, convertirlos en terroristas, destruirles el corazón, despojarlos de toda conciencia. Quien no respeta la vida ajena, acaba por no respetar la propia, por eso se suicidaban antes que entregarse y por eso celebran, hoy, a los asesinos de entonces. Pero son pobre gente. Cuando los zurdos chillen y a una calle o lo que sea le pongan el nombre de un terrorista, ya sabés que es porque necesitan seguir disfrazando la conciencia que no tienen y el honor que odian y envidian al mismo tiempo.
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