10/02 – La hipocresía con que disfrazan sus aberraciones

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Transcripción:

Cuando los zurdos te quieran dar cátedra sobre los 70, vamos a darles la clase que les está faltando.

La mañana del 10 de febrero de 1977, en Rosario, la Brigada de Explosivos de la Policía de Santa Fe intentó desactivar, en el extremo oeste de la ciudad, una bomba que había sido colocada sobre una motocicleta abandonada, alrededor de la cual había niños jugando. Pero se trataba de una trampa. La bomba explotó y se cobró las vidas del oficial ayudante Ernesto Olivera y del cabo primero Roque Farías. No sólo que Montoneros se atribuyó el atentado, sino que fueron ellos mismos los que habían llamado a la policía. Por este doble homicidio, que puso en riesgo la vida de varias personas y cuyos autores materiales aún están vivos, nunca nadie fue siquiera molestado por nuestra “in-justicia”.

Nos vamos a Avellaneda. Esa misma mañana terroristas del ERP interceptan el vehículo donde se traslada a su trabajo Pedro Alberto Lombardero, gerente de Relaciones Laborales de la metalúrgica Tamet, industria en la que trabaja desde tres décadas. Tiene 49 años y es padre de dos hijos de 11 y 14 años respectivamente, los cuales quedan huérfanos al ser acribillado ese mismo día su papá. En el pasquín “Estrella Roja” los terroristas dirían que lo mataron en respuesta a una serie de despidos que tuvieron lugar en la empresa.

Claro que estas son todas tonterías. El que te quiere para esclavo, Dios me libre de sus preocupaciones. A la subversión no le molestaba (ni les molesta) los despidos, sino que haya personas como Pedro que sean el mejor ejemplo de aquel trabajador argentino que, comenzando desde abajo como un simple cadete de 19 años, haya logrado por sí solo llegar a gerente, sin odiar, sin matar a nadie, sin que nadie le lave la cabeza, casándose y formando su propia familia, su propia trinchera.

Cuando mires a tu alrededor, todo cuanto te rodea es una gran tormenta o un inmenso milagro. El que elige cómo entregarse o cómo luchar sos únicamente vos.

Ya sabés que tu valentía, tu coraje y tu honor; en fin, el sacrificio que hacés, cada día, para seguir adelante valiéndote por vos mismo… es el peor enemigo que estas lacras pueden tener. No les preocupan ni les importan tus problemas; los vuelve locos que elijas resolverlos vos por tu cuenta y así forjar tu propio camino, muy separado del estiércol donde ellos te quisieran llevar.

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