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Escribe: David Rey

Señaló Goethe, en su “Werther” inmortal: “El destino del hombre es morir incomprendido”. Y Nicolás Kasanzew, el único corresponsal de guerra argentino durante la Guerra de Malvinas, parece hacer uso de tan desoladora consigna. Considerado tanto por el Ejército Argentino como por el mismo Congreso de la Nación como Excombatiente, Kasanzew – de origen ruso (descendiente de oficiales del Zar), nacido en Austria y nacionalizado argentino a partir de los cinco meses de vida – ha sido embarcado en un periplo sin final a partir de la propia sangre que corre por sus venas.

Es que todo tiene un principio y un fin. Y las guerras también, excepto para aquél que se batió en ellas. Y excepto la Guerra de Malvinas, es decir, la última guerra “romántica”, la última que se combatió con “códigos de caballería” y la última guerra argentina “justa, noble, por la defensa y la reivindicación de nuestro territorio”. Porque es la que se quiso y se quiere olvidar, soslayar, desfigurar e, incluso, usar para abyectos propósitos.

A Nicolás Kasanzew nada ni nadie podrá sacarlo de su norte, no insistan: “Un pueblo elevado, inspirado en los héroes, es mucho más difícil de ser llevado por la nariz”, dijo, para luego completar: “Los héroes son los únicos portadores y transmisores de valores eternos, como el amor, el coraje, la misericordia, la abnegación”. La “desmalvinización” que denuncia que se lleva a cabo desde la misma rendición “es una forma de censura; había que actuar como si Malvinas no hubiera existido”.

Kasanzew es de los que creen que estuvimos “a un suspiro” de ganarle a la OTAN porque las guerras “no las gana el que tiene mejor armamento sino el que tiene más voluntad”, y él estuvo ahí precisamente para atestiguar esa convicción guerrera de “soldados de 18 y 19 años que daban la vida por sus amigos”. Dijo, en este sentido: “La Guerra de Malvinas es una sumatoria de historias de amor. De amor al prójimo. Cuando vos sabés que te puede caer una bomba de quinientos kilos en la cabeza, al tipo que tenés al lado – todo mugriento, descosido, que no sabés ni cómo se llama – lo querés más que a un hermano. Ese peligro hermana tremendamente. Y muchos años después, ese hilo invisible sigue existiendo entre nosotros”.

En la trinchera.

Él estuvo ahí, en Malvinas, y él también combatió. Los vio morir, los vio tiritar de frío y los vio volver “con diarios que cubrían los vagones para que nadie los vea”. Los vio quedarse sin trabajo y los vio mientras fueron despreciados durante tantos años. Kasanzew sabe sobre el estrés postraumático que lega el combate y que tanto repercutió en las tropas argentinas… pero, incluso, hay algo peor que eso: “En las naciones serias, la experiencia en combate es un plus al momento de conseguir trabajo”, dijo, “acá es un baldón. Si hablás con el 99,99% de los soldados, todos te van a decir que la posguerra fue peor que la guerra”. En rigor, el sueño frecuente de Kasanzew no es tanto el peligro de la guerra sino una pesadilla en la que se encuentra sin trabajo. “Para un hombre no hay nada peor que eso”, precisó.

Evidemente, Malvinas… le queda demasiado grande a la Argentina. Una historia de héroes que no encaja en un país de mitos. Un grito de guerra y una lección de dignidad en un país que se amansa como una oveja; aquellos que vitoreaban enardecidos el “si quieren venir, ¡que vengan!” son los mismos que hoy llaman “pibes” a nuestros mejores soldados. Y Kasanzew, todo esto, ya lo sabe.

“Dejen a los soldados en paz”, dijo, “déjenlos dormir su sueño eterno”. El mismo sueño que él vivió y el que hoy le ciega el alma, aquel sueño de héroes que dan la vida por su Patria, aquel sueño que nadie puede comprender y aquel sueño de pelear una guerra “justa, noble y limpia, la última de la historia”, en fin, la misma guerra que Argentina hoy desprecia… por la sencilla razón de que nunca mereció ganar.

DAVID REY: ¿Cómo es posible que en Argentina hoy estemos hablando de un proceso de “desmalvinización”? ¿Qué es eso? ¿Por qué se da?

NICOLÁS KASANZEW: La “desmalvinización” es una forma de censura. Desde distintos lados cometieron esa maniobra de censura, primero el Régimen Militar, y después los gobiernos democráticos, por motivos diferentes, aunque es el resultado es el mismo.

En el Régimen Militar, cuando los generales desplazaron a Galtieri, lo cual fue traición en plena guerra más allá de que Galtieri no se condujo obviamente como debía haberlo hecho, se hace cargo del Ejército el general Nicolaides, tipo bruto si los hay a quien escucharlo hablar daba pavor por la ignorancia que afloraba por todos sus poros. Él decretó que Malvinas no había existido, que había que actuar como si Malvinas no existiera. Entre otras cosas, a los soldados los recibieron entre gallos y medianoche cuando volvieron de estar en prisión, los mandaron a sus casas de vuelta en trenes que tenían pegados los vagones con papel de diario para que nadie los vea. Se los ninguneó, se los discriminó, se los dejó de lado.

Luego, esta desmalvinización, aunque con otro signo, siguió con los gobiernos democráticos y por diferentes motivos. En el caso de Alfonsín, la inquina personal que tenía con Galtieri, probablemente la envidia de que, mal o bien, yo creo que mal, un pie de página en un libro de historia futura mencionará a Galtieri. A tal punto que Alfonsín trató también de entrar en la historia mudando la capital a Carmen de Patagones, Biedma, cosa que no le resultó. Pero básicamente muchos factores conspiraron para que nuestros combatientes sean olvidados, para que la desmalvinización solamente permitiera hablar de las miserias de la guerra, que las hubo, por supuesto, como en toda guerra, pero prohibía hablar de las grandezas, de los héroes.

Entre tantas otras causas está la ideológica. Había que seguir demonizando a las Fuerzas Armadas in totum, sin separar la paja del trigo, porque había que vengarse de ellas, había que deshacerse de ellas, como lo han logrado. Hoy carecemos de Fuerzas Armadas.

“La desmavinización es una forma de censura”.

También jugó un rol importante esta cuestión humana tan terrible y tan normal que es la envidia, tan destructiva, que hace estragos. Los propios oficiales que se habían quedado en el continente discriminaban y ninguneaban a los que habían estado en Malvinas. Los que no fueron envidiaban a los que fueron. Los que fueron y arrugaron envidiaban a los que fueron y no arrugaron. Y los que fueron y no arrugaron, envidiaban a los que fueron y no arrugaron y se hicieron más conocidos.

D.R.: ¿Por ejemplo?

N.K.: Por ejemplo, uno de los más grandes héroes de la Fuerza Aérea, Pablo Marcos Rafael Carballo, el capitán “Cruz”, cuando llega al grado de Comodoro, lo asignan como jefe de una especie de depósito de la Fuerza Aérea, lo cual no era para él, ya que él era un hombre de acción, no era para estar custodiando un depósito. Desaparecen dos fusiles Fal del depósito, le piden a Carballo que pida la baja. Cuando Carballo se va por esta causa irrisoria, vuelven a aparecer los fusiles que supuestamente se habían robado. Una cama, lisa y llanamente.

D.R.: ¿Quién lo envidiaba?

N.K.: Los jefes de la Fuerza Aérea que no habían ido a la guerra, que envidiaban su gloria, sobre todo su hombría de bien, esta calidad de ser humano superior que tiene Carballo. Carballo es un santo en vida, no odia a nadie, solo piensa en hacer el bien, es totalmente desinteresado. Cuando sus enemigos atacan, habla bien de sus enemigos. Es una persona excepcional. Seguramente muchas personas oscuras no pueden soportar un ser tan luminoso al lado. Y esto pasó, en mayor o menor grado, con muchos de los combatientes de Malvinas. Había una orden de que había que disciplinar a los “Malvineros”, que era una manera de perseguirlos, sacarlos del medio, de obligarlos a que se vayan, en vez de aprovechar su experiencia.

Entre una y otra cosa, se han ido sumando ideas falaces para “desglorizar” la gesta de Malvinas. Seguir machacando en la conciencia del pueblo argentino de que fue una guerra absurda, que estábamos condenados a la derrota y fue culpa de un general borracho, tanta cantidad de mentiras.

D.R.: ¿Esa guerra fue necesaria? ¿Pudimos haberla ganado? ¿Cuál es el legado de esa contienda?

N.K.: Fue necesaria desde el punto de vista de que los ingleses la provocaron. Estábamos metidos en una guerra, había dos opciones: meterse debajo de la cama o pelear. Más allá de que los ingleses la provocaron aprovechando la falta de cultura de nuestros jerarcas militares, quienes no vieron la trampa que les habían tendido a través del Pentágono con ese guiño de “vengan, hagan un «toque y me voy» y después negociamos”. Este es el anzuelo que compraron. Pero una vez que Inglaterra obtuvo lo que quería, esto que quería presentar como una provocación argentina, tener la excusa para sentar las bases de su fortaleza Falklands en Malvinas con vistas a controlar el petróleo de la zona, el paso interoceánico y la proyección a la Antártida, como siguiente paso que va ocurrir inexorablemente, sobre todo si estamos de rodillas y desarmados.

¿La guerra podría haberse ganado? El gran teórico de la guerra, Clausewitz, sostiene que la guerra no la gana el que tiene más tropas, más pertrechos, más tecnología, más armamento. La gana el que tiene la voluntad más fuerte. Nuestros pilotos tuvieron la voluntad más fuerte, porque con aviones modelo 50, en muchos casos, diezmaron la flota modelo 80, el último grito de la tecnología. Suplieron esos 30 años de diferencia en tecnología con coraje y con pericia.

Si la guerra podría haberse ganado o no, vamos a dejárselo a los enemigos y a los aliados de los enemigos. SandyWoodward, el almirante jefe de la flota inglesa, escribió un libro que se llama “Los 100 días”, donde recoge su diario de la guerra. El 13 de junio él hace una lista de todos los barcos que nosotros les habíamos hundido o puesto fuera de combate, habla de lo dañada que está la flota, además por la acción desgastante del agua salina en altamar, tanto tiempo sin mantenimiento, y escribió esta frase: “Si los argentinos pudieran soplarnos, nos caemos”. Le escribió el 13 de junio, el día que Menéndez decide prematuramente rendirse.

D.R.: ¿Prematuramente? Eso jamás lo escuché. Qué interesante.

N.K.: Tampoco lo digo yo. Lo dicen los jefes militares ingleses. Si vos ves un video que hicieron los ingleses para los 30 años de la guerra de Malvinas, que está en YouTube y se llama “Malvinas, el gran juego” (“The Great Falklands Gamble: Revealed”), vas a escuchar a los jefes militares ingleses que estaban en tierra que cuentan que estaban esperando con temor el contrataque argentino que nunca tuvo lugar. Menéndez nunca dio una orden de ataque ni de contrataque. Algunos me dicen que, por ejemplo, el 14 de junio no quedaba otra cosa porque los ingleses ya estaban ad portas. Menéndez no se rindió el 14 de junio, Menéndez se rindió el día que pisó Malvinas, vino rendido, nunca quiso pelear, nunca quiso realizar una defensa en serio.

“Menéndez se rindió el día que pisó Malvinas, vino rendido, nunca quiso pelear”.

El 8 de junio, la Aviación Argentina ataca un desembarco inglés en Bahía Agradable. Esto pasó a la historia como el día más negro de la flota británica porque además de hundirle barcos, les quemamos vivos a sus tripulantes. Lo lamento, no lo digo con ningún tipo de morbo ni sadismo, pero están las imágenes de los ingleses bajando quemados de los buques. Bahía Agradable estaba a 20 kilómetros de Puerto Argentino. Había un comando, Carlos Terrado, que estaba observando la acción de la Fuerza Aérea, por supuesto dio la alerta a Puerto Argentino. Menéndez no movió un dedo para ir a rematar ese desembarco e impedirlo. Y yo ese día conté los helicópteros que teníamos, todavía teníamos 12 helicópteros. Menéndez vino rendido de entrada, y en cuanto pudo se rindió. Y esto lo observamos todos.

D.R.: ¿A qué lo atribuís?

N.K.: Nuestros generales eran generales de escritorio. Cuando terminó la guerra, el “Tata” Yofre consigue un rarísimo reportaje con Galtieri en el diario “Clarín”, y Galtieri le dice: “Yo estaba observando que cada día que pasaba Menéndez se enterraba cada vez más en el terreno”. Entonces, el “Tata” Yofre le preguntó: “¿Por qué no lo reemplazó por otro general?”. Y Galtieri le contesta: “Porque era el mejor general que teníamos”. Imaginate cómo serían los demás. Los generales argentinos eran generales de escritorio, venían de un ejército de 100 años de paz. No tenían en sus más terribles pesadillas la idea de que iban a ir a una guerra, y menos con Inglaterra, y menos con toda la OTÁN. Nunca buscaron la guerra. Por eso cuando dicen “los militares fueron a la guerra”, no fueron a una guerra, cayeron en una trampa y después no pudieron dar marcha atrás.

D.R.: ¿Acaso la guerra antisubversiva que tuvo lugar en Argentina no sirvió para entrenar a esos generales, Tucumán, Formosa?

N.K.: Lamentablemente, y esto hay que decirlo, más que una guerra aquello fue una cacería, porque, justamente, por cobardía, nuestro generales no quisieron llevar una guerra como se lleva una guerra, es decir, ateniéndose al Código de Justicia Militar, además de que en ese momento estaba vigente la Pena de Muerte en la Argentina. En vez de tener las agallas para hacer un juicio, aunque sea sumario, al terrorista y fusilarlo como lo permitía la ley en ese momento, como no tenían las agallas para firmar penas de muerte, llevaron a cabo la represión ilegal y, sobre todo inmoral, con la cual destruyeron la moral del Ejército, lo deslegitimaron, y a largo plazo lograron que los Montoneros gobernaran el país, como lo gobernaron los últimos 12 años.

Por cobardía. Hubo solamente dos generales que dijeron: “Yo reprimo, pero con la ley en la mano”. Y enseguida los dieron de baja. Fueron los generales Mujica y Boasso. Entonces, ¿de qué experiencia podemos estar hablando? Hubo sí, combates en el monte tucumano, pero en general, esto de “chupar” gente y después liquidarla cuando está desarmada va contra todos los códigos de honor militar. Eso fue más bien una cacería, en muchos casos. Hubo otros combates legítimos, como por ejemplo el capitán Leonetti, que muere cuando muere Santucho, el jefe del ERP. O el soldado que en el Regimiento de Formosa cuando lo asaltan los Montoneros y lo intiman a que se rinda, dice: “Acá no se rinde nadie”, y lo matan. Pero en general, la metodología fue perversa. Para combatir a un monstruo uno se puede convertir en otro monstruo, porque deslegitima su lucha.

D.R.: Necesito desmitificar o no algunas cuestiones que tienen que ver con Malvinas, con toda esa historia que nos han contado. ¿Es verdad que estaqueaban soldados como lo refleja, por ejemplo, el filme “Iluminados por el fuego”? ¿Es verdad que había oficiales que se quedaban con la comida y los abrigos que los familiares enviaban a los soldados?

N.K.: Bueno, por empezar puntualicemos que los familiares no creo que hayan podido mandar comida ni abrigo porque todo lo que mandaban las familias y todo el pueblo argentino en general quedaba en Comodoro Rivadavia. Los únicos que podía romper el bloqueo eran los Hércules de la Fuerza Aérea y los Fokker de la Armada (que no son aviones de carga). No había manera de llevar a Malvinas toda la inmensa cantidad de cosas que había juntado el pueblo argentino porque como los generales no habían traído los cañones, las municiones ni suficientes medicamentos… los Hércules eran usados para traer esas cosas que eran absolutamente urgentes. Como no las llevaron de entrada, después – burlando el bloqueo – cada tanto llegaba un Hércules y traía lo más elemental. No podían traer todas las cosas que mandaban los familiares; excepto las cartas. Las cartas eran prioridad y llegaban. Sí pudo haber oficiales o suboficiales que se quedaron con la comida o que no repartieron, yo no lo vi personalmente.

Yo, por otro lado, en ningún caso vi un estaqueo, a pesar de que yo anduve bastante entre los soldados. Nunca vi un estaqueo, pero, después de la guerra, soldados que me merecen entera confianza me contaron que hubo algunos casos. Fueron casos excepcionales, repudiables, totalmente repudiables, pero no fueron la norma como nos lo hicieron creer.

La generalización es la peor de las mentiras. En la guerra hubo de todo. Hubo oficiales cobardes, los hubo valientes. Hubo quizás quien se quedaba con la comida y hubo otros que no comían hasta que no hubiera comido el último de sus soldados. No se puede generalizar. Esto es lo que hacen los desmalvinizadores.

D.R.: ¿Es cierto que hubo oficiales que pelearon junto con sus hijos?

N.K.: Yo conocí el caso de un suboficial cuyo hijo estaba en otra unidad y él consiguió que se lo pasaran bajo su mando, y cuando arreciaban los bombardeos él se arrojaba encima de su hijo y lo cubría con su cuerpo. Pasado el bombardeo lo trataba como cualquier soldado más. También hubo oficiales que eran hijos de jefes encumbrados de las Fuerzas Armadas; por ejemplo, el hijo del Almirante Anaya, Guillermo, un helicopterista y joven teniente que combatió como un león. Hubo de todo en la guerra.

D.R.: ¿Qué hace distinta a la Guerra de Malvinas de las demás guerras?

N.K.: Muchas cosas. Por ejemplo, fue una guerra muy extraña en el sentido que tuvo elementos de la Primera Guerra Mundial, como ser las trincheras (Menéndez metió ocho mil pozos en Puerto Argentino, destrozó a la tropa antes de entrar en combate porque, encima, no la relevaba y, tras inundarse los pozos, imagínate el suplicio que fue vivir allí); tuvo elementos de la Segunda Guerra Mundial como fueron los combates aeronavales, y tuvo elementos de la tercera guerra mundial, que todavía no sucedió, como fue la guerra electrónica. De repente, nuestro radar advertía que se acercaba un avión y, tras dar la alerta roja, resulta que se trataba de un jueguito electrónico, ya que no había ningún avión que se acercara. Esos tres elementos la hacían distinta.

Para un argentino, lo que la hacía distinta es que fue una guerra por el territorio nacional después de tanto tiempo; fue una guerra noble, por una causa justa; una guerra limpia. Un congreso en Trieste (Italia), donde fue el investigador argentino Alejandro Amendolara, demostró que la Guerra de Malvinas fue la última guerra en la que se usaron códigos caballerescos del Siglo XVIII. Fue una guerra casi romántica; nosotros rescatábamos a los ingleses en peligro de muerte y los ingleses rescataban a los nuestros, con las excepciones del caso, desde ya, porque una guerra es una barbarie, siempre va a haber algún exceso.

Pero en general, no había odio hacia los ingleses. Había, quizás, más odio contra los chilenos porque se sentía como una traición. Una vez escuché a un oficial diciéndole por teléfono a su mujer, con bronca, que sacara inmediatamente a los chicos del colegio inglés. Pero no fue más que eso; no había odio. Fue una guerra sin odio.

Kasanzew disparando un cañón a los ingleses.

D.R.: ¿Cuál es el recuerdo más imborrable que conservás de la guerra propiamente dicha?

N.K.: Si tengo que elegir, te diré que lo más fuerte es la sensación de hermandad y de amor que sentís cuando estás al borde de la muerte. Cuando vos sabés que te puede caer una bomba de quinientos kilos en la cabeza, al tipo que tenés al lado – todo mugriento, descocido, que no sabés ni cómo se llama – lo querés más que a un hermano. Ese peligro hermana tremendamente. Y muchos años después, ese hilo invisible sigue existiendo entre nosotros.

En mi libro, tengo un capítulo que se llama “Has la guerra y amarás”. Así como en las situaciones límites en general se caen todas las caretas, el malo se muestra en su dimensión malvada, diabólica, cínica; también el bueno hasta se convierte en santo. La historia de la Guerra de Malvinas vista con ojos desprejuiciados es una sumatoria de historias de amor, de amor al prójimo, que es el amor más grande. El Evangelio ha dicho: “No hay amor más grande que el de aquél que da la vida por sus amigos”, y nuestros soldados daban la vida por sus amigos. Soldados de 18 y 19 años…

D.R.: ¿Te han quedado secuelas psicológicas por causa de la Guerra de Malvinas?

N.K.: (Risas). Bueno, podrías preguntarles a mis tres exmujeres, a ver qué te dicen.

Hay una teoría según la cual, en mayor o menor medida, todos los que venimos de una guerra tenemos síndrome de estrés postraumático; se manifiesta de entrada o con el paso de los años. En Estados Unidos han propuesto que cualquier persona que venga del frente reciba tratamiento psiquiátrico más allá de que lo pida o no lo pida, por una cuestión preventiva.

D.R.: Pero, por ejemplo, a la madrugada… ¿te despertaste tras soñar que estabas en un campo de combate?

N.K.: Me ha pasado a veces, no con frecuencia, pero sí me ha pasado. Pero me ha pasado una cosa, muy pero muy recurrente; son pesadillas terribles que tengo, y que no son de la guerra sino de la posguerra. Si vos hablás con los soldados, el 99,99 por ciento te va a decir que la posguerra fue mucho peor que la guerra. Es que a ellos como a mí nos ningunearon, nos dejaron sin trabajo. Y vos sabés que para un hombre no hay nada más terrible que eso, sobre todo si, como muchos de ellos, tienen tres o cuatro hijos. Mi pesadilla recurrente es que no tengo trabajo.

D.R.: Te adelantaste. Esta cuestión yo la quería abordar. Quizás me meta en un tema que no me corresponde. Pero yo siempre me pregunto cómo puede ser que una persona como vos, con tu enorme nivel de erudición y con lo que vos significás para este país, no tenga el lugar que le corresponde en los grandes medios comunicación. ¿Cómo me explico algo así?

N.K.: Bueno, de alguna manera me lo pregunto yo también. Cuando volví de Malvinas, me entrevistó para la NBC un productor, Charly Gómez, al que yo había conocido cuando en el año 79 cubrí la Guerra Civil en Nicaragua. Me palmeó la espalda y me dijo “bueno, de ahora en más, estás hecho. Nunca más te va a faltar trabajo ni a vos ni a tus hijos”. ¡Qué equivocado que estaba! Supongo que eso pasará en otras latitudes.

Pasa lo mismo con los militares. Acá, los militares, una vez que terminaron su carrera no sirven para nada, nadie los quiere emplear, excepto en seguridad. Pero, en el mundo desarrollado, la experiencia en combate es equivalente casi que a un máster. El general Norman Schwarzkopf, por ejemplo, tras la campaña Tormenta del Desierto contra Irak y una vez que él se retiró, lo nombraron presidente de la Coca Cola. La experiencia en combate es un plus en las naciones desarrolladas. Acá, es al contrario; es un baldón.

D.R.: ¿A quién considerás nuestro máximo héroe en la Guerra de Malvinas?

N.K.: Son muchos. Pero a quien yo considero como al máximo héroe de la Guerra de Malvinas es un hombre que recién fue reconocido hace un año. Me refiero al Teniente de Corbeta Carlos Daniel Vázquez, que con sus cuarenta hombres, en el Combate del Monte Tumbledown, mantuvo a raya a los ingleses que lo superaban diez a uno, que fue abandonado por su propia unidad, dejado a su suerte y que llegó a combatir a bayoneta calada… y no sólo eso, sino que en tres oportunidades vivió fuego propio sobre sí mismo para parar a los ingleses.

Y nosotros, como nos caracterizamos, cuando terminó el combate y como lo dieron por muerto, condecoraron a los que se habían rebajado en vez de condecorarlo a él y en su legajo pusieron que él se había replegado cuando él nunca se replegó. Él tuvo casi un 90 por ciento de bajas. Y él, que amaba la Armada, estuvo durante más de treinta años pidiendo internamente que corrijan esa injusticia para con él y para con sus hombres. Recién el 25 de noviembre de 2015 fue corregido.

El último vuelo de Kasanzew.

D.R.: Eso que vos mencionás, ¿no es una muestra de que, si bien por un lado denunciamos la “desmalvinización”, por otra parte, podemos ilusionarnos con una “malvinización”? En el caso que mencionás, han reconocido a un héroe.

N.K.: Claro. Lo reconoció el eventual Jefe de la Armada; todos los anteriores jefes no lo hicieron. Éste jefe dijo que la conciencia lo estaba comiendo y que quería reparar esa injusticia. Pero el Estado argentino y los medios de prensa no tienen ningún apuro en reconocer a nuestros héroes. Al contrario, siguen dándole cabida a los desmalvinizadores, a los mentirosos.

Ayer escuché un reportaje a Pérez Esquivel donde decía que “en Malvinas habían torturado a los soldados enterrándolos hasta el cuello en la arena”. En Malvinas no hay arena, por empezar. Hay turba. Esquivel no tiene ni la más remota idea de la geografía de Malvinas; es imposible cavar un pozo de la longitud de un hombre; sería un esfuerzo sobrehumano que jamás se llevó a cabo. Sí hubo, según tengo testimonios, estaqueos, pero a nadie enterraron hasta el cuello.

La cuestión es amontonar horrores sin importar si son verosímiles o no. Es una verdadera vergüenza el Premio Nobel que tenemos.

D.R.: Justamente. ¿Qué buscan Pérez Esquivel y compañía en Malvinas?

N.K.: Está el pretexto, que parece noble a primera vista, que indaga sobre cómo puede ser que los seres queridos de los Caídos no tengan una tumba con el nombre exacto. Entonces, según ellos, hay que identificarlos, porque hay muchas tumbas donde dice “Soldado Argentino solo conocido por Dios”.

A simple vista parece lógico. Pero, una vez más, esto revela una gran ignorancia, aunque yo no creo tanto que sea ignorancia como mala fe. ¿Por qué dice “Soldado Argentino solo conocido por Dios”? Porque estos hombres que están enterrados allí, previamente estuvieron en otro lugar. Por empezar, muchos de ellos, cuando fueron abatidos, sus cuerpos fueron destrozados. Hay que imaginarse lo que le hace un misilazo, un cañonazo o una granada de mano a un cuerpo. Deja pedazos. Justamente, hace poco, me contaba un Veterano encargado de juntar los restos de los Caídos en un enfrentamiento, y eran pedazos…

Más allá de esto, después de la rendición, se hicieron fosas comunes. Es decir, todos los restos están mezclados. Después, mucho después, hicieron el Cementerio de Darwin que es más que nada un cementerio simbólico donde en algunas tumbas quizás no haya nada y en otras puede haber restos desperdigados, destrozados. Habría que hacer el ADN de uno de cada uno de los huesos para finalmente armar un rompecabezas… Es algo impensable.

D.R.: ¿Pretenden “ideologizar” la Guerra de Malvinas?

N.K.: Es una especie de “carancherismo”. Pérez Esquivel ha estado todo el tiempo manejándose con sepulturas anónimas y sacándole provecho, en virtud de lo cual obtuvo el Premio Noble de la Paz. Y parece que quiere seguir dedicándose a eso. Si somos benévolos, podríamos pensar que tanto Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora) como Pérez Esquivel están muy viejos y los están usando como marionetas. ¿Por qué no se ocupan de otras cosas? Dejen a los combatientes en paz, déjenlos dormir su sueño… ellos no tienen nada que ver con los desaparecidos.

“Es muy miserable llamarlos «NN». Los combatientes de Malvinas sí que tienen nombre”.

Es muy miserable llamarlos “NN”. “NN” quiere decir que no tienen nombres, y todos los combatientes de la Guerra de Malvinas sí que tienen nombre. Lo que no se sabe es donde están exactamente sus huesos. Es de mucha mala fe llamarlos como “NN”. Es tratar, una vez más, de declarar a los combatientes como víctimas de la Dictadura.

Y ahí, además del afán ideológico, aparece el afán crematístico, ya que las víctimas de la Dictadura fueron indemnizadas con un cuarto de millón de dólares cada una. El grupúsculo desmalvinizador de combatientes (de los cuales, en realidad, la mayoría no combatieron) justamente ha tentado a los demás Veteranos con que se pronuncien como víctimas de la Dictadura y cobrar cada uno un cuarto de millón de dólares. Para honor de los Veteranos, la inmensa mayoría rechazó considerarse víctimas de la Dictadura.

D.R.: Hay cerca de 60 Veteranos de Guerra de Malvinas que hoy están presos, ya que les adjudican delitos de lesa humanidad. ¿Vos conocés alguno que merezca tu consideración?

N.K.: El sistema judicial fue destruido en Argentina. En una gran mayoría de los casos la gente fue metida presa no por hacer sino por estar. Los han metido presos por el solo hecho de haber estado en alguna unidad antisubversiva. Conozco dos casos particulares; los conozco bien porque los he ido a visitar a la cárcel.

Uno es Enrique Stel, que fue Comando en Malvinas, y que, justamente, lo metieron preso sólo por ser parte del Batallón de Comunicaciones 181. No hay nada de lo que lo puedan acusar. Solamente por haber estado. Y ya van a ser más de tres años que está sin juicio, sin condena… es decir, violando totalmente la ley.

El otro caso que yo conozco, es un gran héroe de la Guerra de Malvinas que es el teniente 1° Horacio Losito. Cualquiera que lo conozca sabe que jamás cumpliría una orden aberrante. Cuando a él le presentan en el juicio la acusación de que supuestamente él había torturado a un subversivo “colgándolo de los brazos y dejándolo colgado durante ocho horas” (imaginémosnos las secuelas que quedan en un cuerpo si lo colgamos de los brazos durante ese tiempo), su abogado defensor pidió una pericia médica de la supuesta víctima… y se la niegan, y luego lo condenan.

D.R.: Te he notado decepcionado con el filme “Soldado Argentino solo conocido por Dios”. ¿Vos recomendás ver esta película?

N.K.: Yo recomiendo que todo el mundo la vea. De ninguna manera pretendo malograr el esfuerzo de nadie y tampoco soy el dueño de la verdad. Que todo el mundo la vea, incluso no se dejen llevar por mi crítica. Que la vean y que saquen sus propias opiniones. Yo expresé la mía en mi Muro de Facebook y sé que eso disgustó muchísimo. Pero yo he sido honesto; expresé lo que sentía.

D.R.: Pero la película en sí, para vos… ¿redunda en un esfuerzo más de desmalvinización?

N.K.: Yo creo que es una oportunidad perdida, lamentablemente. Yo esperaba una película épica, cosa que no lo es. Después de un intercambio público que tuve con el director, él me llamó por teléfono y me dijo que su filme “era una cosa intermedia” y que la próxima “sí va a ser la película épica que vos querés”. Yo no sé si llego vivo a la próxima y yo no sé si el enorme esfuerzo que se hizo para juntar el dinero para hacerla se va a poder replicar para la siguiente. Y, además, ya no le voy a tener confianza.

Existe un montón de películas épicas para inspirarnos, ¿y qué estamos esperando para hacer una así? ¿Esperamos que sea políticamente correcto hacer una película épica? ¿Y si en cincuenta años también sigue siendo políticamente incorrecto hacerlo también vamos a seguir sin hacerlo?

D.R: ¿Es políticamente incorrecto, entonces, hablar de la Gesta de Malvinas?

N.K.: Aparentemente sí. Hay un aspecto fundamental, y es que no quieren que tengamos héroes o arquetipos en los cuales inspirarnos. Ocurre que el ejemplo del cobarde adocena, por caso el de Edgardo Esteban, el cobarde que hizo la película “Iluminados por el Fuego”, adocena.

El ejemplo de los héroes, por el contrario, eleva. Un pueblo elevado, inspirado en los héroes, es mucho más difícil de ser llevado por la nariz. Por esto, no quieren que tengamos héroes porque, además, los héroes son los únicos portadores y transmisores de valores eternos, como el amor, el coraje, la misericordia, la abnegación. Porque uno no les puede decir a los jóvenes, solamente, “sean valientes, sean honrados, nobles…”. ¡No…! La única manera de educar es con ejemplo, y los héroes, con su ejemplo, son los únicos que pueden, de generación en generación, transmitir esos valores. Y no quieren que tengamos esos valores. Quieren que sigamos teniendo un país corrupto, sin ideales, mucho más fácil de manejar y mucho más fácil de saquear.

D.R.: Inglaterra, ¿está detrás de todo este esfuerzo desmalvinizador?

N.K.: No tengo ninguna duda. Por ejemplo, esta cuestión de reconocimiento de los restos, como es tan complejo el sistema, yo dudo mucho que se pueda hacer en las islas. Ellos quieren que traigan los restos a Buenos Aires para analizarlos y luego impedir que nuestros Caídos vuelvan al cementerio. Ellos están hartos del peregrinaje argentino en las Islas, quieren deshacerse de eso. Entonces, estos esfuerzos argentinos son funcionales a la política inglesa y a los intereses de los kelpers.

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